Alumnos radares de los conflictos: Así logra un instituto atajar el acoso escolar

'Alumnos Ayudantes' contra el acoso escolar
Sara Laima, Jorge Pérez, Antonio Raya y Beatriz López de Quintana, cuatro de los alumnos ayudantes del instituto San Juan Bautista, en su patio. (JORGE PARÍS)
  • Un centenar de centros educativos en España implanta el programa 'Alumnos Ayudantes', diseñado por la Universidad de Alcalá para mejorar la convivencia.
  • La iniciativa se basa en la creación de una red de ayuda entre iguales.
  • En el Instituto San Juan Bautista (900 alumnos) hay 44 alumnos ayudantes que han intervenido en casos de aislamiento, anorexia y suicidios.

Con la sombra de dos suicidios recientes —Diego y Alan— planeando sobre el sistema educativo, esta semana han desembarcado las autoridades (ministros y presidentes regionales) con una artillería de propuestas para frenar la lacra del acoso escolar. Sin embargo, la herramienta más potente podría encontrarse ya en los colegios. Y no precisamente estar en manos de los adultos, sino de los estudiantes.

Un centenar de centros educativos de toda España prueban con éxito un programa, 'Alumnos Ayudantes', diseñado por un equipo de investigación pedagógica de la Universidad de Alcalá que, mediante la creación de redes de ayuda entre iguales, ha demostrado mejorar la convivencia en las aulas atajando el acoso y otros conflictos juveniles.

Son alumnos elegidos por sus compañeros que actúan como "radares de conflictos" en su entorno ¿Qué es 'Alumnos Ayudantes'? Es una iniciativa que consiste en la selección de un grupo de estudiantes que actuarán como "radares de los conflictos" en su entorno. Estos alumnos asumen voluntariamente la misión de detectar situaciones de vulnerabilidad, riesgo o violencia entre sus compañeros, a los que ofrecen su ayuda. Cuando la situación resulta ingobernable, los derivan a otras instancias y recursos, ya sean otros compañeros del programa, el servicio de orientación o la dirección del centro.

"La clave del éxito está en la elección de los alumnos ayudantes", sentencia María José Gómez, orientadora del Instituto San Juan Bautista de Ciudad Lineal (Madrid) y responsable de la introducción hace tres cursos de este innovador programa de convivencia.

"Tienen que ser alumnos reconocidos por sus propios compañeros. No pueden ser puestos a dedo por los tutores. Mediante dinámicas de grupo son elegidos los que más confianza generan. Son aquellos chicos y chicas con los que pasarían más tiempo o a quienes les confiarían un secreto", añade Gómez.

Detectores de conflictos

El grupo de investigación pedagógico de la Universidad de Alcalá que dirige Juan Carlos Torrego es el que está detrás de este programa de vanguardia. Torrego lo define como "una iniciativa de mejora de la convivencia a través de fórmulas prosociales y pacíficas". 

Este equipo formó a la orientadora del San Juan Bautista y a las dos entusiastas coordinadoras del programa Alumnos Ayudantes, las profesoras de inglés y biología. Ambas destacan la valía del grupo encargado de la detección de conflictos. "Son chicos y chicas geniales, empáticos, voluntariosos, no necesariamente los más estudiosos, unos tímidos otros muy sociables...".

Son muy rápidos. Les valen los cinco minutos que hay entre clase y clase para ver qué algo está fallando en un grupo A su juicio, "el verdadero acierto es que se da un papel activo a los alumnos, que son los primeros que perciben que algo va mal", explica Sandra González, una de las coordinadoras. "Son muy rápidos. Les valen esos cinco minutos que hay en el cambio de hora entre clase y clase para ver que algo está fallando en un grupo o con un alumno". La orientadora asiente con la cabeza y reconoce que "muchas veces" los profesores son los últimos en enterarse "y así es más difícil resolver los problemas".

En el San Juan Bautista estudian 900 alumnos. El grupo de ayudantes lo conforman 44, con edades entre los 14 y los 18 años. Son casi el doble que el cuso anterior. El programa está en plena expansión. A sus responsables les gustaría que la labor fuera rotativa, pero ninguno de los que entran quieren abandonar. Sienten que aportan mucho en las reuniones mensuales para analizar la convivencia y en las cumbres urgentes cuando surgen conflictos. Están muy cómodos en su papel de propagadores de buena convivencia y compañerismo.

El instituto les ha dado formación específica en habilidades de escucha activa, en estrategias de acercamiento a sus iguales y en técnicas de ayuda. Beatriz López de Quintana, 16 años, es una de ellas. Fue de las primeras en integrar el grupo. De su experiencia destaca que ha aprendido "a leer mejor a las personas", a detectar cómo se sienten analizando su lenguaje corporal. "Ahora sé cómo están con solo mirarles a la cara", explica. Entre los casos más crudos que recuerda está el de una compañera con serios problemas en su familia. "Ahí no la podía ayudar, pero aquí (en el instituto) intenté hacerle sentirse mejor", explica.

Aislamiento, trastornos y acoso

Alejandro Raya es otro bachiller, un año mayor que Beatriz, y también ha sido elegido por sus compañeros para implicarse en este reto. "Es un programa muy bueno en general para el instituto y particular para el alumno. Te ayuda a darte cuenta de cómo puedes ayudar con comportamientos muy simples", explica. Lo más satisfactorio que le ha ocurrido es percibir en la mirada de un compañero que ha entendido que su comportamiento "puede estar haciéndole daño a otro". Dice que se sintió "muy orgulloso".

A lo largo de los últimos tres años, el equipo de 'Alumnos Ayudantes' del San Juan Bautista ha lidiado con casos de severo aislamiento —el 60% de los alumnos de primero de bachillerato son nuevos cada año—, un intento de suicidio que, afortunadamente, terminó en llamada de atención, con la detección temprana de trastornos alimenticios y ha truncado casos de acoso escolar incipientes.

La clave del éxito está en la elección de los alumnos. Deben ser respetados y los que más confianza les generan "Comprobamos que funciona, porque en las clases de primero de la ESO donde no existe esta figura, porque los chavales son nuevos y aun no se conocen, todos los años tenemos conflictos con que lidiar desde la dirección. En cursos superiores, gracias a los propios alumnos, no pasa tanto", destacan en el instituto.

Una intervención temprana

Las nuevas tecnologías, sobre todo las redes sociales y el whatsap, suponen el mayor reto actual para los alumnos ayudantes. Es un terreno difícil."Pero es increíble lo que consiguen", presumen las coordinadoras, "han logrado que un alumno previamente excluido sea integrado de nuevo en el grupo de whatsap de la clase". Lo consiguen "porque hablan con sus acciones. Son alumnos respetados que si ven a una persona que ha sido excluida por sus compañeros, van y se sientan con ella. Eso hace que el resto de la clase perciba que no pasa nada".

El profesor Torrego, diseñador del programa, no entiende que la mayoría de las medidas del plan contra el acoso escolar del Ministerio de Educación no cuente con la participación de los principales afectados, los alumnos. Torrego defiende que la implicación de estos estudiantes en la mejora de la convivencia reduce el acoso. Tres prestigiosas universidades de EE UU (Yale, Princeton y Rutgers) acaban de publicar estudio en ese sentido. Han comprobado en 56 escuelas de EE UU como un programa similar que impulsa la implicación de estudiantes "socialmente influyentes" en la propagación de mensajes de concordia ha rebajado en un año un 30% los casos de acoso escolar.

Como dicen en el San Juan Bautista, no existe un centro educativo con cero situaciones de conflicto. "Pero si se toman las medidas precisas, se está alerta y se asumen programas de prevención temprana de vanguardia se reducen".

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