Las mujeres y los hombres son igualmente sexuales aunque la expresión de la sexualidad masculina sea más evidente que la femenina.
Dicen los psicobiólogos que la sexualidad de las hembras mamíferas es más reflexiva y selectiva, que las mujeres necesitan más tiempo y más información para sentirse relajadas y poder centrarse en el sexo, y que la sexualidad masculina es más rápida y necesita menos reflexión e información para cumplir con lo que la naturaleza le impone: dejar sus espermatozoides en el mayor número posible de vaginas.
Pero los seres humanos, a través del desarrollo cultural, nos hemos alejado de lo estrictamente biológico, le hemos añadido al sexo otras dimensiones, como la del placer, el reconocimiento, la autoestima y también como expresión del amor que nos sentimos.
En este momento, y gracias a los anticonceptivos, podemos decir que los deseos sexuales de hombres y mujeres cada vez se aproximan más, pero no todos los seres humanos tienen los mismos deseos, al mismo tiempo y con la misma intensidad. Antes se pensaba que los hombres eran los portadores del deseo y las mujeres se plegaban dócilmente a este; por esto, el único problema para un hombre era que su mujer no aceptara sus requerimientos o deseara más que él.
En actualidad se sabe que hay mujeres que no desean tanto como su pareja y se sienten bien sexualmente con un par de relaciones al mes, hay hombres que sienten este mismo nivel de deseo y mujeres que desean una relación sexual por lo menos una vez al día.
El problema existe cuando la pareja no tiene el mismo ritmo de deseo, y si bien una mujer puede aceptar una relación sexual sin ganas (aunque no es recomendable) a un hombre le es imposible hacerlo y esto hace que tanto hombres como mujeres se sientan profundamente frustrados cuando perciben que su pareja no les desea con la frecuencia por ellos deseada o desea más de lo que pueden darle.
La solución pasa por aceptar que no todos somos iguales y lo mismo que unos comemos menos que otros, hay personas que desean más que otras en sexo. Hay que ser profundamente respetuoso con las necesidades del otro y, para que el que necesita más no se sienta frustrado, existen varias soluciones, desde compartir una bonita relación sexual en la que cada uno pueda parar en el momento que lo desee, hasta "administrarse" la propia sexualidad.
La "autogestión" es una muy buena alternativa al sexo compartido y si esta se realiza "acompañado" por la habilidad de la pareja mejor que mejor, pero no hay cosa peor que la exigencia de "tener un orgasmo" cuando ni el cuerpo ni el espíritu están por la labor.
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