Desde el 1 de junio la clínica IVI, y ahora Ginemed, cuentan con la autorización de la Consejería de Salud para disponer de sus propios bancos de óvulos congelados con fines reproductivos.
Desde 2003 se autorizaba su congelación pero no su utilización posterior. “Esto supone un avance social como el que supuso el uso de los anticonceptivos” dice Pascual Sánchez, director de Ginemed.
El perfil de las mujeres que se deciden a congelar sus ovocitos para salvaguardar su capacidad reproductiva de cara al futuro, responde a mujeres que tienen riesgo de perder la fertilidad debido a la edad o que deben someterse a tratamientos agresivos de quimio y radioterapia.
También suelen ser mujeres con carrera o una actividad profesional importante que les exige una gran dedicación y que les impide tener hijos a una edad más temprana.
Hasta hace poco la única posibilidad que tenía este colectivo era recurrir a óvulos de una donante.
Con esta autorización “podremos preservar la fertilidad de las mujeres sin ningún tipo de problema, de manera que podamos tener óvulos congelados a edades muy jóvenes y que puedan plantearse la maternidad a la edad que quieran” explica Sánchez.


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