Más de 30 autobuses urbanos sufren averías cada día, lo que contribuye a empeorar las ya de por sí rotas frecuencias. Los conductores se quejan por la falta de personal de mantenimiento, que retrasa mucho los arreglos y provoca demoras en las líneas.
«Intentan forzarnos para que sigamos conduciendo con la avería el máximo tiempo posible», explica un conductor. En verano, con el calor, los fallos mecánicos son más frecuentes, sobre todo por recalentamientos del motor y averías del aire acondicionado , en uso continuo.
Retiramos unas ruedas en las que ya se veían los alambres», dice un conductor.
Los trabajadores de Tuzsa se quejan porque creen que la empresa apura demasiado, y espera a cambiar las piezas cuando ya están muy desgastadas, como sucede con las ruedas, y aseguran que el último material adquirido no es de muy buena calidad. La empresa afirma que el mantenimiento es bueno y que en el turno de noche trabajan más de 40 personas.
Los problemas de la flota
Falta de personal. En los talleres trabajan más de 60 personas, pero se reparten por turnos y por las tardes sólo suele haber dos operarios para salir a la calle, que no dan abasto para atender las averías.
Malos materiales de repuesto. Los conductores aseguran que los materiales adquiridos últimamente son de bajo precio y de mala calidad.
Ruedas desgastadas. Se han detectado casos en los que las ruedas de los vehículos están tan desgastadas que se ven los alambres. Esta semana se retiró un vehículo de la línea 23 por este motivo y en marzo se pusieron multas a varios conductores de las líneas 25 y 28.
Envejecimiento. Los nueve autobuses de más de 14 años de la flota están este verano en las cocheras, de reserva.
«Estuve dos horas y media sin vehículo por una avería»
Un fallo en el aire acondicionado de su autobús tuvo a un conductor dos horas y media sin vehículo esta misma semana. «No funcionaba la refrigeración y llamé a la central, pero me dijeron que siguiera conduciendo. Estuve una hora así, aguantando las broncas de los pasajeros, y al final decidí llevarlo a cocheras», explica el trabajador.
Allí, le cambiaron su autobús por otro que sí llevaba aire acondicionado en condiciones, pero que, al poco de circular, empezó a darle problemas de motor. «Me vi obligado a regresar al taller para que me solucionaran el problema, porque no había personal suficiente para venir a repararlo donde estaba. Entre unas cosas y otras, ya había perdido dos horas y media, y la línea había roto sus frecuencias», señala.


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