Las filtraciones al mar de agua radiactiva de la mayor central nuclear del mundo tras un fuerte seísmo en Japón han reavivado los temores sobre la seguridad de la industria nuclear.
Pero, ¿podría pasar en España algo similar? Si comparamos el mapa de las centrales nucleares en España con el de las zonas de mayor riesgo de actividad sísmica en nuestro país, no se aprecia riesgo, pero los grupos ecologistas señalan que hay que tener en cuenta que “la geología es imposible de predecir”.
Si un terremoto ha ocasionado una fuga nuclear en Japón, uno de los países mejor preparados ante un temblor de tierra, nada es descartable en nuestro país, dicen. Por eso recuerdan la necesidad de encaminarnos poco a poco hacia lo que denominan como “apagón nuclear”, el cierre definitivo de todas las centrales que generan energía mediante la ruptura de átomos.
Seísmo a 25 kilómetros de Zorita
A principios del pasado mes de junio se produjo un terremoto de tres grados en la provincia de Guadalajara, en concreto con epicentro en la pequeña localidad de Escopete, a 25 kilómetros de la centra nuclear de Zorita. Según Ecologistas en Acción, ésta es una zona de poca actividad sísmica, pero no se puede garantizar que no se produzcan terremotos de mayor intensidad que ocasionen accidentes nucleares.
El caso de Japón
El 35% de la energía que consume Japón está suministrada por reactores nucleares. La isla carece de recursos naturales y su economía depende en buena medida de este tipo de energía. Lo malo es que Japón se encuentra en una de las zonas con más actividad sísmica del mundo. Se calcula que Japón, donde hay 57 centrales nucleares, sufre el 20% de los grandes terremotos que se registran en el mundo.
Ésta es la denuncia de los grupos ecologistas después del accidente nuclear de Kashiwazaki-Kariwa (noroeste de Japón). La propia compañía ha admitido que la fuga radiactiva es mayor de lo que dijo en un primer momento.
La geología es imposible de predecir
Desde Greenpeace , Carlos Bravo, pone el acento en que “grandes terremotos y otros desastres naturales” pueden ocasionar nuevas catástrofes nucleares como la de la central ucraniana de Chernóbil -abril de 1986: se estimó que la radiación emitida fue unas 500 veces mayor que la liberada por la bomba atómica de Hiroshima-.


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