Desde tierras del País Vasco llegó hace unos años el pintor Agustín Ibarrola fijando su destino en el municipio de Muñogalindo, instalándose en la conocida finca de La Garoza, y dejando su marca en las rocas de los alrededores. El artista venía hasta la provincia de Ávila buscando la tranquilidad que aquí se respira, y la encontró, además del calor y el cariño de todos los vecinos de la localidad del Valle Amblés y del resto de los abulenses, que ven en la figura de Ibarrola la de un luchador incansable, un artista al que admirar y un ejemplo a seguir.
La finca de la Garoza, donde se instaló el artista es el lugar elegido para que se erija este ilusionante proyecto tanto para él, como para el municipio, que está viendo como, en los últimos años, la presencia de Ibarrola está dando una publicidad enorme al municipio.
La insfraestructura, que cuenta con un presupuesto de seis millones de euros ocupará una superficie construida de entre 3.600 y 3.700 metros cuadrados y se dividirá en cinco áreas o pabellones individuales: accesos y dirección, área expositiva, área educativa, área de artistas residentes e invitados y área de documentación, con la idea de que las tres primeras sean totalmente públicas, mientras las demás, más restringidas serían destinadas a empleados, becarios y artistas.
Centro educativo, de investigación, centro de referencia de artistas residentes e instrumento de sensibilización hacia el arte y la naturaleza, que se convertirá, sin lugar a dudas en referencia nacional del mundo del arte, centro turístico además de académico que servirá para que Muñogalindo sea conocido en todo el país, incluso lejos de nuestras fronteras como un destino para muchos estudiosos y amantes del arte.
DOS POSIBLES PROYECTOS
Dos posibles proyectos diferentes lucharán para convertirse en el definitivo que albergará la finca de La Garoza y que se construirá en los próximos años. Ambos edificios están proyectados por el estudio de arquitectos de los prestigiosos Iñaki Ábalos y Juan Herreros, que han planteado estos dos posibles edificios a los que se ha denominado edificio ‘castro y edificio ‘fortaleza'. El primero de ellos consiste en un sistema de cuatro pabellones de diferentes dimensiones y proporción que se sitúan de manera independiente en la finca.
El complejo contaría, además, con un espacio al aire libre que serviría de expansión exterior de los usos interiores de cada uno de los pabellones. Además, habría un elemento prominente de una cierta verticalidad que se elevaría sobre el resto de los edificios, convirtiéndolo en un observatorio panorámico del entorno, con vistas a todo el Valle Amblés y las estructuras serranas en el horizonte, y que albergaría un restaurante y la biblioteca de la Fundación Ibarrola.
El segundo edificio, ‘fortaleza', comprendería un solo edificio en el que irían alojadas las diferentes áreas funcionales de trabajo de la Fundación, y que estarían comunicados por cuatro patios independientes e interiores, que resolverían las circulaciones entre las diferentes partes, haciendo la función además de jardines interiores, agradables lugares donde los residentes y visitantes podrían utilizar como zona de descanso.
El edifico, conservaría del proyecto anterior esa edificación vertical, con las mismas funciones que separaría dos de los patios interiores y que realza la construcción de cara hacia fuera.




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