Los artificieros de la policía determinaron tras examinar cuidadosamente el paquete que éste no contenía otra cosa que cenizas procedentes de una cremación humana.
En efecto, los investigadores confirmaron que el presunto artefacto explosivo no era otra cosa que una urna con las cenizas de un familiar de uno de los pasajeros.
Afortunadamente para el propietario de las queridas cenizas, las normativas de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) del aeropuerto de Miami permiten que los pasajeros transporten urnas con restos humanos, eso sí, debidamente incinerados.
Miedo constante
Y es que, cuando se pronuncia o insinúa una palabra clave como bomba, los efectivos de la policía no se lo piensan dos veces a la hora de actuar y "evitar que ocurra un hecho de naturaleza terrorista", señaló a Efe Álvaro Zabaleta, portavoz de la policía del condado de Miami-Dade.
Zabaleta apuntó que, pese a que no se han constatado este verano indicios de una amenaza terrorista concreta, en algunos de los puntos más vulnerables de la ciudad de Miami, tales como el puerto y su aeropuerto internacional, se "mantiene una vigilancia mucho más extrema".
Claro, el palpable nerviosismo de las autoridades de Miami no ha alcanzado todavía quizá la categoría de psicosis que se constata en ciudades como Washington y Nueva York, pero la inquietud se traduce en una "mayor inspección a fondo de los bultos y los pasajeros que van a embarcar en sus vuelos" respectivos, apuntó Zabaleta.
No es el primero
El caso de la urna con cenizas humanas detectada en el aeropuerto de Miami, por el que transitan más de treinta millones de pasajeros al año, no es el primer hecho sorprendente con cierto componente macabro que se registra en los aeropuertos de Florida.
La propietaria del repulsivo hallazgo era una residente estadounidense que usaba la parte superior del cuerpo humano para celebrar ritos de vudú e impetrar la protección de los dioses contra los espíritus malignos.
En la misma línea de extrañas falsas alarmas registradas se encuadra la que se produjo en enero pasado en Miami, cuando un bulto sospechoso iba a ser cargado en un crucero en el puerto de esta ciudad.
Entonces, los artificieros de la policía entraron en acción y detonaron el artefacto sospechoso, que resultó no contener otras cosa que partes de un sistema de rociadores de agua.


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