La mayoría de los trabajadores nos agarramos a nuestro empleo como a un clavo ardiendo. No lo hace sólo quien disfruta de un destacado cargo público, un selccionador de fútbol o un gran empresario. Los asalariados en general no soltamos un trabajo hasta que no tenemos garantizado el siguiente.
Salir corriendo
Decisión: La dimisión, conocida también como baja voluntaria, suele atender a motivos externos. Irse de una empresa de manera precipitada y sin tener otro empleo que nos aguarde no es demasiado común, y generalmente la marcha suele estar forzada por presiones de la dirección o de los compañeros.
Las razones: Antes de presentar la dimisión hemos de plantearnos si los hechos que la fuerzan han sido responsabilidad nuestra o de otros.
Estar seguro: Si vamos a convertirnos en cabeza de turco por un error empresarial, lo mejor es pactar una salida con la firma. Si, por el contrario, los hechos no se van a solucionar con nuestra marcha y no hemos perdido credibilidad, la mejor solución no es dimitir.
Cómo se hace: La dimisión se debe comunicar a la dirección de recursos humanos de la empresa con suficiente antelación. El plazo mínimo debe estar reflejado en el contrato o, en su defecto, en el convenio. Si no se produce ese preaviso, el finiquito se verá reducido.
Qué perdemos: Al presentar una baja voluntaria se pierde el derecho a solicitar una prestación por desempleo. Sólo una carta de despido por parte del empresario nos puede dar acceso a cobrar el paro, si es que disponemos del derecho a disfrutarlo por el tiempo trabajado.
Sin nada a cambio... ¿o sí?
Una dimisión no debería tener ninguna contrapartida económica. El presidente del consorcio europeo de aviación (EADS), Noël Forgeard, y el de Airbus, Gustav Humbert, presentaron recientemente su dimisión por los continuos retrasos en la entrega de los nuevos aviones A-380, sin recibir compensación alguna. Por el contrario, hay casos como el de Ernesto Sáenz de Buruaga, que dejó Antena 3 en 2003 con una compensación de seis millones de euros. Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial fue forzado a dejar su puesto por un escándalo de trato de favor hacia su novia. A cambio, el banco hizo un comunicado que ‘limpiaba’ su imagen.




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