A la ceremonia en la que la primogénita de los Príncipes, de casi 20 meses, casi restó protagonismo a la pequeña Sofía, acudieron familiares, representantes del Estado y el equipo médico que asistió a su nacimiento el pasado 29 de abril.
Según explicó la propia princesa Letizia a los periodistas, Sofía es más despierta, tiene más apetito y pesa más que Leonor a su misma edad.
Para demostrarlo, la Infanta permaneció con los ojos abiertos y curiosos durante la ceremonia, según las imágenes ofrecidas por televisión, mientras su hermana mayor, que terminó la ceremonia sin zapatos, correteaba y lo inspeccionaba todo.
Los padrinos de Sofía, ataviada con el traje de cristianar usado por el Rey, el Príncipe de Asturias, las infantas Elena y Cristina, los hijos de éstas y su hermana Leonor, fueron su abuela materna, Paloma Rocasolano, y Konstantin de Bulgaria, hijo de Simeón de Bulgaria.
Para el bautismo se utilizó la pila de Santo Domingo de Guzmán, donde se bautizan los herederos a la Corona desde tiempos de Felipe IV. De piedra blanca sin tallar, está recubierta de plata con adornos dorados, entre ellos los escudos de la orden de Santo Domingo.
La ceremonia fue oficiada por el cardenal Antonio María Rouco Varela quien derramó el agua traída del río Jordán - como manda la tradición de la Familia Real - sobre la cabeza de la pequeña Sofía.
La infanta, es la octava nieta de don Juan Carlos y doña Sofía, nació mediante cesárea y ocupa el tercer lugar en la línea de sucesión al trono, después de su padre y su hermana.
/Por Emma Pinedo y Blanca Rodríguez/


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