Después de la larguísima jornada del martes, ayer pasamos un día cómodo. ¡Ojalá todas fueran así! Pero la gente sigue andando a tope, con fuerza. Al principio de la etapa me he dicho: «Voy a pasar un poco para adelante, para rodar en cabeza». Y me ha sido imposible, por el ritmo del pelotón.
Los últimos kilómetros transcurrieron por una larga y ancha recta en la que se rodaba bien. Los ‘Baleares’ trabajaban para subir a Valverde y Pereiro. He cogido su rueda y he logrado acabar la etapa justo detrás de Valverde, algo anecdótico. Una de las cosas por las que te das cuenta de que esta carrera es diferente es por los aficionados. Todos los días ves gente disfrazada o que te planta un muñeco vestido con algo del Tour.
Es increíble la imaginación que tienen. También es curiosa la cantidad de medios de comunicación: según bajas del autobús ya te encuentras cuatro o cinco periodistas. Normalmente el primero que baja es el que más les atiende, pero aún así tardas lo tuyo en llegar al control de firmas, porque también están, y es algo impactante la cantidad de gente que quiere una foto o un autógrafo para su álbum.
Imposible llegar a la cabeza
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