Por un lado, aprobó una ley por la que se reconocen oficiales las lenguas de signos española y catalana (las dos existentes) y se dotan más recursos para facilitar la comunicación oral de las personas con deficiencias auditivas, que son alrededor de un millón en nuestro país; un 10% de ellos, con sordera profunda.
Traductores
A efectos prácticos, esto obligará al Estado, entre otras cosas, a disponer de traductores en ámbitos como los de la Administración, la sanidad o los colegios, lo que redundará en una mayor autonomía de las personas sordas.
La segunda medida afecta a las personas con deficiencias audiovisuales, que vieron satisfecha el jueves una reclamación que llevaban haciendo desde 2002: la de poder votar en secreto, como el resto de los ciudadanos, gracias al lenguaje braille.
Esto afectará a un buen número de las 67.000 personas afiliadas a la ONCE (no todas saben braille), como reconoció a 20 minutos el director de Servicios Sociales de esa entidad, Xavier Grau, que lo consideró un paso positivo.
Queda ahora en manos de los técnicos el determinar cómo se llevará a la práctica esta modificación de la Ley Electoral, más compleja en el caso del Senado, y que previsiblemente estará lista de cara a las generales de 2008.
Mucho camino por andar
Aunque las medidas fueron celebradas tanto por el colectivo de ciegos como por el de sordos, todos son conscientes de que aún queda mucho camino por andar.
Como afirma Xavier Grau, de la ONCE, todavía hay que desarrollar en reglamentos muchos aspectos de la Ley de Igualdad.
La tecnología es curiosamente el factor que más preocupa: puede ser una ayuda, pero también una barrera. En el caso de los ciegos, piden que se adapte la televisión digital terrestre, que se facilite aún más el acceso a la web y que se modifiquen elementos cotidianos como los cajeros automáticos o los electrodomésticos.
Convivir con la discapacidad
José Pedro González. Periodista, 48 años.
«La medida es más efectista que efectiva».
«Aunque el cambio es positivo, creo que es el chocolate del loro, algo más efectista que efectivo. Yo sólo voto una vez cada cuatro años, mientras que hay muchos detalles de adaptación a la vida diaria que siguen sin resolverse. Sería mejor avanzar en el voto electrónico, que afectaría a todos los ciegos y no sólo a los que saben braille».


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