En un decreto papal conocido como 'motu propio', en parte se revierten los cambios hechos por su predecesor, Juan Pablo II, que había abierto la posibilidad de elegir a un papa con una estrecha mayoría en caso de falta de acuerdo.
De ahora en adelante, la mayoría de dos tercios que se necesita al comienzo de la votación en el cónclave se requerirá hasta el final, sin importar cuántas rondas de votación terminen con la fumata negra en la Plaza de San Pedro.
El portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi, dijo que los cambios 'garantizarían el consenso más amplio posible para la elección del nuevo Papa'.
Benedicto XVI, de 80 años, también parece estar subsanando lo que algunos críticos vieron como una consecuencia desafortunada de los cambios hechos por Juan Pablo II, que se encuentra en el camino rápido hacia la santidad.
Estos críticos sostenían que en lugar de simplemente evitar un punto muerto, los cambios hechos por Juan Pablo II en 1996 autorizaban la voluntad de cualquier mayoría hasta que expirase el requerimiento de los dos tercios.
'Creo que el Papa se ha dado cuenta de que el sistema introducido por Juan Pablo II estaba dando a la mayoría (más pequeña) en el cónclave el poder absoluto de imponer a su candidato', dijo Marco Politi, un analista del Vaticano que escribe para el diario italiano La Repubblica.
Benedicto XVI, en un intento por abordar el asunto del punto muerto, pide en su lugar otra votación entre los dos principales candidatos después de 33 rondas de votación.
No se necesitaba llegar a ese extremo en 2005, cuando el entonces cardenal Joseph Ratzinger fue elegido en el segundo día de cónclave.
Al menos tuvo una mayoría de dos tercios, pero lo que pasó entre los muros de la Capilla Sixtina en abril de 2005 es secreto. Los 115 cardenales que entraron en el cónclave prometieron un 'secreto absoluto y perpetuo' y no revelar detalles sobre la elección.
Pero un relato publicado en la revista italiana Limes en 2005 dijo que Ratzinger fue elegido Papa sólo después de que su rival más cercano en el cónclave, el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, dijera que no quería la responsabilidad.
/Por Phil Stewart/


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