La explosión fue el primer ataque mortal contra una patrulla de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para Líbano (UNIFIL, por sus siglas en inglés) desde el despliegue para la estabilización del sur del país tras la guerra del año pasado entra Israel y las milicias chiíes de Hezbolá.
'Este ataque ha hecho que UNIFIL esté más comprometida con el cumplimiento de su misión en el sur del país', dijo el general Claudio Graziano, que dirige la fuerza interina de la ONU en Líbano, formada por 13.000 soldados, en un comunicado.
El ministro de Defensa español, José Antonio Alonso, viajó a Líbano para repatriar los cadáveres de los soldados muertos tras la explosión de una bomba al paso de los vehículos armados en una carretera entre Jiyam y Marjayun, cerca de la frontera israelí.
Alonso estuvo presente en los funerales celebrados en la base Cervantes de Marjayun después de que su helicóptero sobrevolara la zona del ataque. Desde allí dedicó unas sentidas palabras a los seis fallecidos.
'Han dejado sus preciosas vidas y quiero aquí rendirles un homenaje de todo corazón en mi nombre y en nombre del Gobierno de la nación (...). No puedo tener palabras para agradecer el sufrimiento de estos seis soldados, de sus dos compañeros heridos y en general del sufrimiento que estarán padeciendo sus familias, sus allegados, sus amigos', dijo Alonso.
Estaba previsto que los cadáveres llegaran de madrugada a la Base Aérea de Torrejón en Madrid, donde serán recibidos por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el Príncipe Felipe.
Los funerales oficiales se celebrarán a las 11 de la mañana del martes en Paracuellos del Jarama, en el acuartelamiento de la Brigada Paracaidista, y a ellos acudirán además de Zapatero y Alonso, los Príncipes de Asturias.
Tres de los fallecidos, que tenían entre 18 y 21 años, eran de nacionalidad española y los otros tres eran de origen colombiano.
La agresión supone otro desafío para Beirut, inmerso en una parálisis política con la oposición encabezada por Hezbolá y al que han afectado una serie de atentados, además de combates con milicianos inspirados en Al Qaeda.
El Ejército libanés mantenía cerrada la carretera el lunes para facilitar la investigación, que se llevaba a cabo además con la ayuda de perros rastreadores. Los testigos dijeron que UNIFIL había reducido visiblemente sus patrullas en otras partes del sur.
La explosión, condenada por Hezbolá, se produjo pese a que UNIFIL había reforzado la alerta después de que el Ejército libanés comenzara a luchar contra islamistas suníes en el norte el mes pasado.
Ningún grupo ha asumido la responsabilidad, pero el grupo Fatah al Islam que combatió al Ejército en el campamento de refugiados palestino de Nahr al Bared había acusado con anterioridad a UNIFIL de bombardear el campamento.
Había informaciones enfrentadas sobre si el coche bomba fue activado por control remoto o por un conductor suicida.
UNIFIL, que junto a 15.000 soldados libaneses quedó desplegado en el sur tras el fin de la guerra del pasado verano, ha informado de pocos problemas con Hezbolá y se ha centrado más en potenciales ataques suníes.
Antes del domingo, UNIFIL había sufrido 260 bajas desde su creación después de la invasión israelí en 1978.


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