Del "di patata" a nos hacemos un 'selfie'

Del "di patata" a nos hacemos un 'selfie'

Fotos
Un ábum de fotos es una buena de forma de guardar los recuerdos de tus viajes. (ARCHIVO)

"La semana que viene me voy al extranjero, que no se me olvide comprar una cámara desechable". Cualquiera pronunciaba esas palabras antes de embarcarse en un viaje hace 15 años. En 2000 las cámaras analógicas, más conocidas como cámaras de carrete, seguían siendo las más usadas en todo el mundo.

Los salones de la gente estaban repletos de fotos familiares y de recuerdos de las vacaciones en la playa. Una excursión no era lo mismo si no escuchabas a tu tía decir "estate quieta y di patata".

La fotografía digital era algo extraño, que nadie manejaba, pero que empezaba a hacerse un hueco en el mercado. Para hacernos una idea, "Kodak vendía en esa época 16 millones de cámaras, de las cuales solo 4 millones eran digitales y el resto de carrete", según un estudio realizado por Harvard Business School.

El negocio de la fotografía del aficionado tradicional empezó a debilitarse con la primera cámara digital" Por entonces, Kodak era el rey de las fotos, la referencia en las tiendas de revelado. Nadie podía imaginarse como terminó la compañía la primera década del milenio: quitando su nombre del mítico teatro donde se celebraban los Oscar de cine y dedicándose casi exclusivamente a la venta de impresoras y servicios para empresas. Pero a medida que pasaron los años, el mundo tecnológico cambio a pasos agigantados.

Las tiendas fueron sustituyendo las cámaras analógicas por digitales, los móviles conocidos como ‘ladrillo’ por otros con pantalla de color y cámara, y los ordenadores gigantes por los portátiles. Como ejemplo, mientras en 2000 casi todas las cámaras (96%) que se vendían en España eran analógicas, cinco años más tarde tan solo representaban un 7%, según datos de la consultora GFK.

La llegada del mundo digital supuso popularizar la fotografía y simplificarla para el público general. "¿Que puedo ver las fotos que hago en la pantalla de la misma cámara y borrarlas si no me gustan?", se preguntaba la gente perpleja. Sin embargo, estos avances digitales también dejaron atrás a otros fotoaficionados, especialmente a los más mayores, que no entendían estos nuevos formatos.

Es la llamada "brecha digital" que separa a quienes utilizan los soportes digitales de los que no y que ha perdurado desde entonces. Todo ello simbolizó pasar, en menos de diez años, de los carretes de 24-36 fotos a tarjetas de memoria que se pueden volcar en el ordenador. En 2010 el revelado había prácticamente desparecido y los discos duros o CD pasaron a ser los álbumes de fotos familiares.

Adiós al reinado de las cámaras compactas

Por tanto, la evolución de las tarjetas de memoria donde almacenar las imágenes ha ido a la par que la de la fotografía: mientras que en 2000 la corriente era que las primeras cámaras digitales tuvieran tarjetas de un mega, ahora las hay hasta de 128 gigabytes.

Algunas de las compañías de este mercado, como Fotoprix, siguen funcionando en 2015 porque supieron adaptarse a este mercado tan cambiante; pero otras, como Patricolor, acabaron cerrando. "El negocio de la fotografía del aficionado tradicional empezó a debilitarse con la primera cámara digital", explica Raúl Hijosa Nieto, uno de los propietarios de Patricolor.

En 2018 se suministrarán 2.700 millones de cámaras en dispositivos móviles" "Para sobrevivir era necesaria una apuesta firme por la innovación que el sector no estaba en condiciones de asumir; se perdió un tiempo precioso y entonces llegó la crisis", añade. Fue entonces cuando apareció la primera generación de niños de la era digital: los primeros en tener un móvil, una cámara multimedia o un ordenador para chatear o compartir fotos. Años después, esa misma generación ha suplantado prácticamente los tres productos anteriores por el smartphone.Con él hacen fotos, llaman por teléfono o responden correos.

De esta manera empezó a dibujarse el paisaje que reina en 2015, donde las cámaras de fotos tradicionales competen con los nuevos soportes tecnológicos. Al igual que las cámaras digitales fueron el fin del carrete, los smartphones pueden significar en la actualidad el fin del reinado de Canon, Nikon o Sony. Así lo indican los datos sobre el aumento la demanda de tabletas y smartphones equipados con una o dos cámaras, mientras que ha decaído el número de réflex vendidas en el último año.

"En 2018 se suministrarán 2.700 millones de cámaras en dispositivos móviles", según apunta ABI Research. Esto podría explicarse en que uno de los aspectos más importantes para el usuario en 2015 a la hora de hacer una fotografía es saber que va a poder compartirla después. De hecho, según un estudio de Infotrends, "de todas las actividades que las personas llevan a cabo en las redes sociales, la estrella es la compartición de fotos y vídeos".

Los jóvenes elegirían el smartphone antes que la cámara para hacer sus fotos, porque con ellos es más fácil conectarse a la red. "Tengo una Canon, pero uso mucho más el móvil", cuenta Silvia Martínez, de 23 años. "Aparte de la cámara digital, tengo una Polaroid de mi madre, aunque al final siempre acabo subiendo todas esas fotos con el móvil a Instagram", añade la joven.

Sin embargo, podemos decir que 15 años después hay cosas que parecen haber regresado. Es el caso de las cámaras Polaroid, los álbumes de fotos personalizados o la impresión en papel de imágenes hechas con soportes digitales. A través del ordenador se puede crear tu propio book y mandárselo a empresas de fotografía como Hoffman o Polabox para que lo encuaderne y te lo reenvíe.

La moda del palo selfie

Aunque quizás el caso más curioso es el de Polaroid, que no solo ha conseguido que una de las redes sociales más usadas como Instagram copiara su estilo, sino volver al mercado de la fotografía con las mismas cámaras de hace dos décadas. Es como volver al pasado, pero utilizando toda la tecnología digital del futuro. Muchos expertos creen que el movimiento hípster de San Francisco, que juega con el remember vintage, fue el responsable de reivindicar esta fotografía en papel y desempolvar las viejas cámaras de sus padres. Querían volver a lo auténtico y dejar atrás la masificación y pérdida de personalidad de lo digital.

Palo Selfie

De esta manera, tener en la habitación fotos Polaroid como las que tenía Andy Warhol o diseñar tu propio book, se ha convertido en toda una moda en el 2015 entre aquellos que se posicionan dentro del movimiento independiente. Por otro lado, 2014 fue el año del selfie. Personas desde Japón o Estados Unidos compartían sus retratos con otros usuarios a través de internet. Se produjo un aumento, como no había habido hasta ahora en la historia, del número y variedad de auto fotos a nivel mundial.

Cada vez más personas se consideran adictas a su teléfono y a hacerse fotos Con ello, la cantidad de complementos para cámaras y teléfonos móviles, donde el más popular ha sido el palo para selfies, tampoco ha parado de crecer. Fue uno de los productos más regalados en la pasada Navidad e incluso grandes marcas como Chanel o Moschino han diseñado fundas propias para smartphones.

Sin embargo, según la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, "cuantas más fotografías subimos a las redes, más inseguros e infelices podemos llegar a ser". "Aunque aparentemente subir imágenes pueda satisfacer la necesidad humana de sentirse conectado, lo que en realidad ocurre es que su uso mina nuestro bienestar y autoestima progresivamente", explicaba el mismo estudio.

Por eso, que cada día se compartan en España más de seis millones de fotografías con familiares y amigos, según Samsung España, puede tener una doble lectura. Y es que es cierto que en estos 15 años el mundo de las nuevas tecnologías ha llegado demasiado rápido y no ha terminado de adaptarse. Raro es el día que en los informativos de televisión no salen accidentes que han tenido lugar por fotografiarse con el palo selfie.

Según estas informaciones, cada vez más personas se consideran adictas a su teléfono y a hacerse fotos. Por este motivo, muchos lugares ponen el cartel de "prohibido palos selfies", al igual que el uso de las cámaras réflex de grandes dimensiones.

Por ejemplo, el Museo Thyssen de Madrid, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), el Coliseo de Roma, el Guggenheim de Nueva York, la National Gallery de Londres, el Palacio de Versalles, la Ciudad Prohibida de Pekín o la Albertina de Viena se han posicionado totalmente en contra de ellos.

Aunque quizás lo sorprendente es cómo también lugares de divertimento como los estadios de fútbol de Tottenham o Arsenal y festivales de música como Coachella o Lollapalooza también los han prohibido, por considerarlos elementos "peligrosos".

Otro boom dentro de la fotografía se ha vivido en redes como Instagram, donde personas anónimas han conseguido tener miles de seguidores a través de sus fotos y actualmente viven de la publicidad que les pagan las empresas por salir junto a sus productos. Es el caso de las bloggers de moda, que en menos de cinco años han convertido subir fotos en toda una profesión.

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