Hace aproximadamente dos años, se pusieron manos a la obra para resucitar estas máquinas, que se desecharon a partir de 1991 con la caída del régimen comunista para dar paso a los videojuegos occidentales, vistos como más modernos.
Tarea complicada
Aunque no les está siendo sencillo conseguir y reparar los aparatos, ya han logrado rehabilitar veinte de los cincuenta videojuegos con los que cuenta el museo. Este proyecto se ha materializado temporalmente en una pequeña sala a las afueras de la ciudad. El ambiente del museo pretende transmitir a sus visitantes una sensación de decadencia y nostalgia. A ello hay que sumar que las recreativas funcionan con monedas de 15 kopecs, un pago propio de la época que está acuñado con el emblema de la hoz y el martillo. En www.15kop.ru se puede acceder a una pequeña exposición virtual.
Espejos de la historia
El museo incluye juegos como Tankodrom o Sniper, máquinas que apenas son conocidas en Europa, pero que son reflejo de los pasajes históricos rusos. Mirar a través de un periscopio y convertirse en comandante de un submarino o defenderse en un pequeño tanque son algunas de las temáticas.




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