Polonia está considerada como el principal obstáculo para un nuevo tratado, y amenaza con bloquear los progresos en la cumbre del 21 y 22 de junio, si los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 no aceptan tratar su propuesta de reconsiderar el sistema de votación que incluía el paralizado tratado constitucional.
'Creo que se puede llegar a un acuerdo. Es difícil y todavía hay un camino que recorrer', manifestó Sarkozy en Varsovia.
La visita del presidente francés a Polonia está considerada como la mejor ocasión para convencer a los gemelos nacionalistas que dirigen el país: el presidente, Lech Kaczynski, y el primer ministro, Jaroslaw Kaczynski.
'No queremos estar aislados, queremos llegar a una solución. Queremos un compromiso según el cual todos los países estén contentos', declaró Lech Kaczynski, que añadió que Polonia no será 'amenazada'.
Sin embargo, el muy esperado informe de la presidencia alemana dado a conocer el jueves a sus socios no menciona ningún cambio en el sistema de votación - llamado de la doble mayoría, por el 55% de los Estados y el 65% de la población -, con lo que parece poco probable que la sugerencia polaca será adoptada.
Polonia cree que este sistema da demasiado poder a los países grandes, como Alemania, pero sólo le apoya la República Checa, y además parcialmente.
RELACIONES DETERIORADAS
Las relaciones de Varsovia con la Unión Europea se han deteriorado desde que los Kaczynski llegaron al poder en 2005. Ambos muestran una fuerte suspicacia hacia Alemania, que tiene sus raíces en el sufrimiento polaco durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi.
Hoy la canciller alemana, Angela Merkel, advirtió en un discurso ante el Parlamento de las 'graves consecuencias' para la UE si no lograra un acuerdo en el Consejo Europeo. El sábado recibirá al presidente polaco para intentar alcanzar un compromiso.
Merkel dijo que la 'hoja de ruta' para lanzar un nuevo tratado que pretende dar a conocer en Bruselas debería contener una propuesta para reformar las instituciones mediante un 'tratado modificado', en vez de una 'constitución'.
Este término, y sus implicaciones de entregar soberanía nacional, se ha convertido en un obstáculo desde que los franceses y holandeses rechazaron el tratado constitucional en sendos referendos en 2005, metiendo a la Unión en una fuerte crisis política.

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