Decenas de miles de soldados iraquíes y estadounidenses salieron a las calles de Bagdad y otras ciudades para supervisar los toques de queda impuestos después de que el atentado contra la mezquita Al Askari de Samarra destrozara sus dos minaretes dorados.
Un ataque contra la misma mezquita en febrero de 2006 desencadenó una oleada de violencia sectaria en la que murieron miles de personas, colocando a Irak al borde de una guerra civil entre la mayoría chií y la minoría suní.
El último atentado de Samarra, condenado por el presidente estadounidense, George W. Bush, y otros líderes mundiales, hizo temer inmediatamente ataques similares como venganza.
La policía dijo que hombres armados no identificados atacaron el jueves las mezquitas Al Mustafa y Huteen en la localidad de Iskandariya, donde el miércoles fue destruida la Gran Mezquita suní. La mezquita Al Bashir en la cercana Mahaweel también fue atacada.
En las calles de Bagdad resonaron tiroteos nocturnos mientras hombres armados intentaban atacar una importante mezquita suní en el centro de la ciudad, según testigos.


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