Los tulipanes se dividen en grupos, según la época de floración y el tipo de flor. Hay, por ejemplo, tulipanes simples, dobles, listados de flor de lis y papagayos. Además, existen también grupos de tulipanes botánicos con sus variedades correspondientes.
El tulipán florece en primavera, aproximadamente a los 120 días de haber sido plantado –en otoño–, y conserva su belleza durante 20 días. Después, la flor se marchita y hay que cortar el tallo principal y dejar que se seque el resto de la planta. Más tarde, el bulbo se extrae de la tierra, se deja secar y se guarda en un recipiente de arena seca, con el ápice colocado hacia arriba en un lugar fresco y oscuro. Así se podrá reutilizar.
Mucha agua y poca luz
El riego debe ser más abundante antes de la floración: los bulbos plantados en otoño deben permanecer húmedos durante el invierno. Para su óptimo desarrollo requiere un bajo nivel de iluminación. Es una planta resistente a las bajas temperaturas, aunque hay que protegerla de las heladas del invierno.
Aunque el tulipán no es una especie exigente, conviene plantarlo en suelos sueltos, mullidos, ricos en materia orgánica y sin concentraciones demasiado elevadas de sal.


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