Ante el temor de más derramamiento de sangre, el Gobierno impuso un toque de queda de tres días en Bagdad, mientras políticos y líderes religiosos chiíes y suníes pedían a sus seguidores que mantengan la calma.
A pesar de ello, la policía dijo que unos hombres armados volaron la Gran Mezquita suní en Iskandariya, al sur de Bagdad, destruyéndola por completo. Otra mezquita resultó dañada en otra explosión y unos atacantes incendiaron otra en el barrio de Bayaa, en la capital, sin que se informara de heridos.
El estado de ánimo de los bagdadíes era más sombrío de lo habitual, apresurándose para llegar a sus casas antes del inicio del toque de queda. Las calles estaban casi desiertas, salvo por los soldados y policías iraquíes que las patrullaban.
El primer ministro, el chií Nuri al Maliki, se reunió con otros dirigentes iraquíes y el comandante en jefe de las tropas estadounidenses en Irak, el general David Petraeus, para acordar las medidas políticas y militares para 'promover la contención', dijeron mandos estadounidenses.
La Mezquita Dorada o Al Askari de Samarra resultó dañada en otro atentado el 22 de febrero de 2006 que destruyó su famosa cúpula dorada y desató una oleada de violencia entre chiíes y suníes que ha causado decenas de miles de muertos y dos millones de desplazados.
La explosión de hoy demolió sus dos minaretes dorados de 36 metros de altura, sin provocar víctimas. El lugar, en el que están enterrados dos de los principales imanes chiíes, estaba cerrado desde entonces y custodiado por policías, cuyo arresto anunció hoy Maliki.
El Ejército estadounidense, citando a policías en la zona, dijo que hubo dos explosiones casi simultáneas que procedían del interior del recinto.
Tanto el primer ministro, que pidió unidad a los iraquíes, como los estadounidenses culparon a Al Qaeda de lo ocurrido.
'Esta acción brutal en uno de los templos más sagrados de Irak es un intento deliberado de Al Qaeda de sembrar la discordia e inflamar el antagonismo sectario en el pueblo de Irak. Es un acto de desesperación', dijo el comunicado del Departamento de Estado de Estados Unidos.
A la paralizada situación política del país se une el hecho de que el plan de seguridad que lleva en vigor desde febrero en la capital está empezando a perder contundencia, ya que el número de asesinatos sectarios ha vuelto a subir.
/Por Mariam Karouny/


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