A no ser que se gestione adecuadamente, las prisas por modificar la economía mundial para enfrentarse al cambio climático podría acabar pisoteando el estilo de vida de los ricos, el modo de vida de los pobres y los hábitats más vulnerables de la tierra.
Una escasez de tequila podría ser una de los resultados menos esperados de la plantación de biocombustibles 'amigables con el clima', al quemar los campesinos mexicanos sus campos de pita para hacer sitio al maíz, de donde se saca etanol. También se ha culpado a los biocombustibles del aumento del precio de los alimentos y de destruir los bosques.
El resultado de aplicar políticas equivocadas podría ser socavar el apoyo público a la adopción de medidas y desanimar a las empresas a invertir.
'Desde luego habrá trueques entre el cambio climático y el medio ambiente local, así como con la seguridad energética', dijo Fatih Birol, economista jefe de la Agencia Internacional de la Energía, que asesora a países ricos. 'No tenemos el lujo de poder elegir entre cientos de tipos de energía'.
No se sabe bien aún cómo se va a luchar contra el cambio climático, pero ya se habla de por ejemplo el impulso a la investigación y desarrollo sobre tecnologías de energías limpias, como la eólica, la nuclear y los biocombustibles.
El sentido de urgencia se ha visto reforzado por una serie de informes de la ONU confirmando amenazas como la desertificación, sequías o el aumento del nivel del mar y que piden que se adopten medidas para reducir el coste a largo plazo.
Pero ya hay pruebas de las consecuencias. La ONG británica Christian Aid dice que los grupos rebeldes colombianos expulsan a los campesinos de sus tierras para cultivar el lucrativo aceite de palma que se usa para el biodiésel, y lo compara con los diamantes que financiaron las guerras en África.
'Es un caso clásico de explotar los recursos naturales para un conflicto', dijo su analista Andrew Pendleton. 'Operadores sin escrúpulos del sector privado, grupos rebeldes, están deseosos de hacer dinero rápido'.
Pero eso puede suponer que se imponga el fatalismo y el status quo, dijo Bert Metz, presidente de un importante informe de la ONU publicado el mes pasado.
'Los problemas sobre la propiedad de la tierra y los pobres están ahí, hay que hacer algo, pero no culpar al cambio climático', afirmó. 'Yo lo considero como otra excusa para no hacer nada'.
/Por Gerard Wynn/

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