Mientras ellos se esmeran en la limpieza y mantenimiento de los jardines del parque Lo Morant, otros defecan en su caseta para las herramientas. Los excrementos les caen directamente por la chimenea del extractor de una pequeña cocina para prepararse algún tentempié o una bebida caliente, en invierno. Este grupo de jardineros no quiere hablar por miedo a que el vandalismo que sufren degenere en agresiones. «Nos estamos jugando nuestro propio trabajo y el sustento de nuestra familias, pero no aguantamos más», denuncian.
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