La candidata socialista, Soraya Rodríguez, se recorrió, paso a paso y beso a beso, el mercadillo de las Delicias. «¡Guapa¡ le gritaron nada más bajarse del autobús, al tiempo que varias decenas de ciudadanos le dedicaban un aplauso. «Yo soy de aquí de las Delicias, de las casas de Santa Marina», explicó. Sin tiempo para más comenzó su paseo.
«El día 27 no se puede quedar un voto en casa», comentó a los que le prometían su apoyo. «Y a los hijos hay que sacarlos de la cama», subrayó. «Soraya, búscame un trabajo», le pedía una joven gitana, Esther. «¿Que vas a hacer para los que tenemos hijos dependientes?», le preguntaba otro ciudadano. No había prisa, durante una hora y media se paró y contestó a los que se le acercaron y convenció, como a Maruja, a más de un indeciso. Por supuesto, también tuvo tiempo para las compras, unas bailarinas y un bolso, rojos.
Por su parte, el popular León de la Riva, dejó el trabajo de calle para la tarde y llegó al centro de mayores de Puente Colgante a la hora de la partida. «Bolígrafo o mechero», preguntaba. «Es el alcalde», le cuchicheaba una señora a su amiga. «Usted me atendió en el parto de mi hija», le comentaba otra. «Pues hace ya muchísimo», le respondió De la Riva, a quien lo de los besos no le va tanto como a Soraya. «No hombre, no voy a hablar, que estáis jugando la partida. Hoy sólo toca visita», subrayó mientras echaba una mano a la brisca con seis mujeres. Esta vez le tocó perder, aunque lo que cuenta es el día 27.

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