Los comicios que decidirán a los 389 miembros de la cámara baja del Parlamento son los terceros desde que surgió una revuelta islamista tras la cancelación de unas elecciones generales celebradas en enero de 1992, que un partido fundamentalista musulmán ahora ilegalizado parecía encaminado a ganar.
Desde entonces han muerto hasta 200.000 personas en masacres políticamente motivadas, y aunque la violencia se ha reducido drásticamente en los últimos años, una nueva serie de atentados por parte de grupos islamistas armados ha amenazado los intentos por reconstruir el país norteafricano.
Un triple atentado suicida reivindicado por Al Qaeda mató a 33 personas en Argel el pasado 11 de abril, y un policía murió el miércoles cuando dos pequeñas bombas estallaron en la ciudad oriental de Constantine en la víspera de las elecciones, haciendo temer un eventual regreso de la violencia de los noventa.
Sin embargo, los problemas sociales siguen siendo la principal preocupación de los argelinos, y el paro entre los menores de 30 años se sitúa en el 75 por ciento.
La presidencia es el cargo con más poder en Argelia, país que proporciona petróleo y gas a Norteamérica y Europa, y los argelinos tienden a creer que la Asamblea sólo sirve para refrendar las decisiones de su brazo ejecutivo.

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