Cruzamos la puerta que nos lleva al centro de operaciones de Ferrari, el gran enemigo de Fernando Alonso.
Lo primero que nos llama la atención es la pulcritud de este garage, nada que ver con el taller del barrio, normalmente lleno de aceite por todos lados.
Aquí no puede haber ni siquiera un papel en el suelo.
En el centro encontramos los dos protagonistas, los monoplazas de Kimi Raikkonen y Felipe Massa al desnudo.
Los bólidos están desmontados y el motor al descubierto.
Quince mecánicos los miman hasta el más mínimo detalle, limpiando cualquier impureza del chásis de carbono.
Para coger los alerones, los mecánicos utilizan guantes, como en un quirófano.
En la sala interior, la que no se ve desde el 'pit-lane', hay montones de neumáticos Bridgestone perfectamente alineados y todos los tipos (blandos, duros, usados, de lluvia...).
Un operario limpia con cuidado uno de ellos y otro marca los que ya han sido utilizados con un spray.
Miedo al espionaje
A la izquierda encontramos una puerta cerrada a la que no se puede acceder porque guarda secretos de la escudería, según nos dicen.
La psicósis del espionaje industrial es tremenda en la fórmula uno y no es propiedad exclusiva de Ferrari.
Cada escudería teme que sus vecinos tomen nota de lo que está haciendo y aquí lo podemos comprobar.
Nada de fotos en la zona interior y a seguir en fila india a nuestro guía sin tocar nada.
Suponemos que el hecho de tener a McLaren en el garaje de al lado incrementa las medidas de seguridad.



















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