Todos los seres humanos somos simétricos en nuestro aspecto exterior. Ya lo cantaba el grupo Mecano allá por la década de los ochenta en su famoso tema Las cosas pares:
«Después te vas fijando más en los detalles, los ojos y la boca y las cosas pares...», pero no ha sido hasta ahora cuando un equipo de investigadores californianos, encabezado por el español Juan Carlos Izpisúa, ha descubierto a qué se debe que seamos proporcionados por fuera y asimétricos por dentro.
El estudio, publicado ayer en la revista científica Nature, revela que el hecho de que el cuerpo esté dividido en dos mitades, izquierda y derecha, es decir, que sea simétrico, no se debe al azar, sino que su diseño se origina durante el proceso embrionario.
Al parecer, sólo regresando al momento mismo de la concepción es posible comprender por qué tenemos el corazón en la parte izquierda y el hígado a la derecha. O, al contrario, por qué los huesos del cuerpo, el esqueleto, se reparte por igual en ambos lados.
La clave: la vitamina A
Los científicos han llegado a una conclusión: a los diez
días de la gestación se desarrolla una complicada red genética responsable de los desequilibrios del cuerpo humano y, en esa red, la vitamina A juega un papel fundamental.
Pero... ¿por qué unas células se alinean a la izquierda y otras a la derecha cuando llega la hora de confeccionar el cuerpo humano? La respuesta, según Izpisúa, está en las células madre.
Y es que son las células madre presentes en el embrión las que reciben «órdenes» para orientarse en el espacio y conocer cuál será su destino final o, lo que es lo mismo, el nuestro.
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