El Papa habló ante unos 35.000 fieles en el estadio público Pacaembú, en Sao Paulo, al término del segundo día de una gira por el país que tiene la mayor cantidad de católicos del mundo y en el que se aplican o debaten políticas públicas condenadas por el Vaticano.
En medio de los atascos de tráfico que preceden cada movimiento de Benedicto XVI en la ciudad, grupos de jóvenes llegaron al estadio identificados con los colores amarillo y blanco del Vaticano para escuchar la exhortación del Pontífice que incluyó críticas al aborto y a la violencia.
'Sed hombres y mujeres libres y responsables; haced de la familia un foco irradiador de paz y de alegría; sed promotores de la vida, desde el inicio hasta su natural declinación', señaló el Papa, reiterando parte de su mensaje inicial previo a aterrizar en Brasil en su primer viaje a Latinoamérica.
El Santo Padre, de 80 años, dijo a los jóvenes reunidos en un estadio protegido por un anillo de policías, soldados y tanquetas, que eran una 'muestra de la perenne vitalidad de la Iglesia' y los invitó a respetar el matrimonio y a evitar la promiscuidad.
Bañado en las luces que lo iluminaban bajo la noche paulista y con una inmensa cruz detrás, Benedicto XVI pidió proteger la selva amazónica de la devastación y mantenerse cerca de la Iglesia Católica porque 'para percibir el bien, necesitamos auxilios'.
'La vida conyugal (...) es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en que sepáis hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte', señaló Benedicto XVI.
Durante el acto, cinco jóvenes ligados a la Iglesia que trabajan con personas que viven marginadas de la sociedad le relataron las condiciones críticas a las que se enfrentan algunos de sus semejantes, en un país donde cerca del 74 por ciento de la población es de confesión católica.
En Brasil, la aún poderosa Iglesia Católica convive con un auge de los cultos pentecostales y un Gobierno que combate la propagación del sida repartiendo condones gratuitamente.
Algunas de esas políticas entraron en contradicción con el mensaje del Sumo Pontífice, que recibió un respaldo pleno entre los seguidores que se acercaron al Pacaembú sorteando las vallas que bloqueaban los accesos al tránsito y a los vendedores de recuerdos.
'Esperamos que él mueva la cabeza de la gente. Brasil últimamente está medio desordenado. Mucha violencia, esperamos que él pueda cambiar eso', dijo Jessica Perey da Guardia, de 22 años, que llegó sola al estadio.
/Por Damián Wroclavsky/. *.


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