Cada una de las máquinas consiste en cuatro cubos flexibles, de 10 centímetros cada uno. Para facilitar sus movimientos los cubos están partidos en diagonal. Los robots auto-reproductores desarrollados hasta ahora eran en su mayor parte de dos dimensiones, el diseño creado por Hod Lipson, joven investigador de la Universidad de Cornell, tiene tres dimensiones. Si se suministran cubos iguales el robot es capaz de construir otro igual. La investigación ha sido publicada hoy jueves en un artículo titulado de la prestigiosa revista Nature.
Para generar descendencia el ‘robot padre’ se dobla sobre sí mismo y deja uno de sus cubos sobre la superficie en la que se apoya, a su lado. Después comienza a añadir otros cubos que encuentra a su alcance. Se dobla, se acerca a otro cubo, lo pega, vuelve a doblarse sobre sí mismo y añade el cubo al ‘robot hijo’. Para coger los robots usa contactos electromagnéticos situados en el centro de los cubos. Una película en Nature muestra con todo detalle el proceso.
Cada una de las piezas dispone de un microprocesador embutido en su interior, una especie de ADN electrónico, ya que es en este dispositivo donde el robot guarda la memoria de su diseño. “Hay todo un mundo de posibles máquinas que se pueden construir”, dice Lipson, que imagina posibles aplicaciones para este tipo de robots, como por ejemplo su uso en el espacio. Frente a los peores augurios que la ciencia ficción hace al hablar de robots auto-reproductores, estos parecen ser bastante inofensivos.




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