Hernández ha sido declarado culpable de un delito de agresión sexual con reincidencia. En 1989 ya fue condenado a 46 años por la violación y el asesinato de otra menor, de doce años, en Las Palmas de Gran Canaria.
La sentencia considera probado que el día de los hechos el acusado abordó a la niña en la calle portando un cuchillo y la obligó a subir a su casa. Allí la desnudó y la violó «mientras le decía que si no accedía a sus pretensiones, la mataría».
La niña sufrió diversas lesiones y le ha quedado como secuela un trastorno de estrés postraumático de intensidad grave.
Le mandó un SMS: «Quiero preñarte»
El padre de la niña aseguró durante el juicio que Hernández, la noche antes de la violación, envió a su hija un mensaje al móvil en el que decía textualmente: «Quiero preñarte». El condenado, que pidió que le castrasen, se definió como «ruin» y advirtió al juez de que podría haber sido peor: «Menos mal que Dios me dio lucidez y me fui, porque, si no, la mato».

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