El encuentro de dos horas será transmitido simultáneamente por los dos canales de televisión más importantes de Francia, a partir de las 1900 GMT, y se espera que lo vea cerca de la mitad de los 44,5 millones de votantes del país.
Las personalidades opuestas de los dos candidatos le han dado forma a gran parte de la campaña electoral que duró meses, pero los votantes tuvieron pocas oportunidades para una comparación directa.
Algunos analistas dudan si el debate alterará el patrón general de los últimos meses, ya que el 88 por ciento de los votantes dice que ya está seguro de su elección y el liderazgo de Sarkozy en los sondeos de opinión está intacto desde comienzos de año.
Sarkozy mismo minimizó la importancia del encuentro. 'Cada momento es decisivo, pero no soy una de esas personas que dramatiza el significado del debate hasta ese punto', señaló a radio France Inter.
Pero los 20 millones de espectadores, el tipo de audiencia que habitualmente sólo se ve en las finales de la Copa del Mundo de fútbol, estarán anticipando un encuentro peleado y esperarán el tipo de frase ingeniosa o error que pueda ser recordado en los próximos años.
¿ULTIMA OPORTUNIDAD?
Los detalles del debate, que será moderado por dos de los periodistas más importantes de Francia, fueron resueltos minuciosamente tras intensas consultas con los equipos de campaña.
Para ambos candidatos será una oportunidad de ganarse a los votantes que siguieron la elección con un interés excepcional y que en la primera ronda del 22 de abril se presentaron a votar. Pero para Royal podría ser la última oportunidad.
Sarkozy es uno de los oradores más convincentes de la política francesa, y las encuestas muestran que hay más gente que piensa que tiene la estatura para ser presidente. Pero tendrá que evitar ser provocado y evitar parecer demasiado agresivo.
'Debate televisivo: Royal apuesta todo contra Sarkozy', tituló en su primera página el matutino económico Les Echos.
Admirado por sus seguidores por su postura firme sobre el crimen y la inmigración ilegal y su defensa de la 'mayoría silenciosa' de trabajadores franceses, Sarkozy es odiado y temido por muchos en la izquierda, que lo llaman un autoritario peligroso.
/Por James Mackenzie/.*.


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