Hace unos 296 millones de años una avalancha de barro, arena y piedras se llevó por delante un bosque de coníferas primitivas en Sevilla.
Por aquellos entonces lo que hoy es la capital andaluza se encontraba en la franja ecuatorial del planeta, el casquete polar sur se estaba derritiendo, y aún quedaban unos cuantos millones de años para que los dinosaurios aparecieran.
A pesar de todo lo que vino después, uno de los troncos de aquellas coníferas todavía permanecía enterrado en el mismo sitio, fosilizado.
Allí se quedó hasta que operarios de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir dieron con él hace más de un año, en el transcurso de unas obras.
Dentro de poco, este tronco prodigioso realizará su primer viaje en 300 millones de años: será trasladado desde la provincia de Sevilla hasta el Jardín Botánico de Córdoba, donde se expondrá.

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