En los últimos cuatro años el número de médicos que han denunciado agresiones de sus pacientes se ha disparado.
Es increíble que haya un vigilante para un edificio de cuatro plantas con mucha conflictividad, o que no haya timbres de socorro en las consultas
El Colegio Oficial de Médicos de Madrid señala que ahora hay más violencia entre los usuarios de la sanidad pública.
Los profesionales destacan que la mayoría de las denuncias se dan en hospitales y centros de salud del sur de Madrid.
La presión asistencial de esta área, con esperas de hasta dos horas, la negativa a dar una baja o a prescribir fármacos, están tras la mayoría de las agresiones.
"Falta seguridad"
El Colegio de Médicos ha conseguido que la Consejería de Sanidad cree una comisión para estudiar la falta de medidas de seguridad en centros hospitalarios. "Es increíble que haya un vigilante para un edificio de cuatro plantas con mucha conflictividad, o que no haya timbres de socorro en las consultas", dicen.
Aplauden, sin embargo, que los jueces han empezado a considerar la agresión a un médico como atentado a la autoridad, castigado con cuatro años de cárcel: «Ya no sale gratis pegar a un médico. Eso deberían saberlo los pacientes».
"Entró y me dio dos puñetazos"
En un año la doctora F. M. L. ha sido agredida dos veces por sus propios pacientes.
Trabaja en un centro de salud de la capital que prefiere no nombrar. Cada día asiste a más de 70 pacientes en un centro que está "saturadísimo", explica. Por querer mantener el orden de visitas, F. M. L. ha recibido en un año dos puñetazos y amenazas de muerte. Ella es una de los 60 médicos agredidos el año pasado por sus pacientes.
"En la primera agresión la mujer llegó tarde a su cita. Le pedí que esperara un turno libre. Su acompañante se enfadó y para exigir que la atendiera abrió varias veces la puerta de la consulta. Me gritaba puta y me decía que no valía nada», recuerda.
Una de las veces entraron y la mujer se abalanzó sobre mí. Me dio dos puñetazos en la cabeza, que me dejaron grogui
Sólo medio año después, cuando ya había conseguido dejar de ir "temblando" al trabajo, un paciente que el día anterior no llegó a tiempo a su turno, volvió acompañado de su hermano dispuesto a "matarla".
La doctora consiguió zafarse de ellos y refugiarse tras el mostrador de recepción. "Estaba acostumbrada a actitudes hostiles, a que los pacientes se enfaden si les llevas la contraria, pero con estos, aluciné", asegura.

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