Dos de los vigilantes fueron asaltados por varios individuos –los testigos no saben precisar si eran cuatro o cinco– que lograron llevarse dos sacos de dinero con entre 60.000 y 100.000 euros, según informa Efe. Después, salieron por la puerta lateral que da a la ronda, donde les esperaban, para huir, un coche y una moto.
Los asaltantes intimidaron a los vigilantes con pistolas de fogueo –puesto que no se han hallado restos de bala– y forcejearon con ellos hasta arrebatarles los sacos y sus armas.
«¡Quieto, quieto, quieto, pum, pum, pum, pum!», eso es lo que escucharon trabajadores y clientes de Vallsur antes de que comenzara la confusión, tras la que se pudo ver a uno de los vigilantes en el suelo con una herida de bala.
Rehén por minutos
Durante su fuga, uno de los atracadores retuvo a la dependienta de una zapatería: «Me apuntó con la pistola y sólo le gritaba ¡por favor no me hagas nada!», declaró a Ical la joven, a la que golpeó y agarró por los pelos.
Uno de los dos vigilantes asaltados, de 47 años, se encuentra ingresado con una bala alojada en el glúteo izquierdo en el Río Hortega, mientras que el otro, de 38 años, fue ingresado en el Clínico con golpes leves en la cabeza y en una mano. Un tercer vigilante no se bajó del furgón, cerró y evitó que se llevaran un tercer saco de dinero.
Con los medios «adecuados»
El sindicato UGT demandó ayer medios «adecuados» que garanticen la seguridad de los empleados de este sector, como los chalecos antibalas. Vallsur permaneció cerrado durante 30 minutos hasta que la Policía inspeccionó los locales y permitió su reapertura, pero UGT reclama que este tipo de recogidas de dinero se realicen cuando los establecimientos estén vacíos de clientes.
En primera persona
Laura María Miguel. «Nos encerramos en la trastienda». «Estaba comprando y al escuchar los disparos las dependientas reaccionaron rápido, bajaron las verjas y nos pasaron a todos a la trastienda, después de 10 minutos pudimos salir».
Marcos Calvo. «Por la mañana se vieron tipos sospechosos». «Estaban sentados en un banco con actitud vigilante. Llevaban gafas de sol. Al rato se escuchó: ¡Quieto, quieto, quieto! y disparos. Vi al guarda en el suelo y a una chica tapándole la herida».
Fe Ruiz. «Nos tiramos al suelo». «Se escucharon como petardos y todos nos tiramos al suelo. Pudimos ver a uno de los atracadores y luego a la Policía, que entró con los chalecos y las armas y se subieron hacia la planta de arriba».

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