Se dedica a atender cualquier necesidad o capricho en el pantalán de los megayates del puerto de Valencia (frente al edificio del reloj), al que han venido, al calor de la Copa del América, el rey de Noruega, el constructor de la zona cero de Nueva York o ricos a secas.
La pechuga de pollo no está entre sus preferencias, así que los empleados de esta empresa –hasta 25 en temporada alta– tienen que salir por la ciudad en busca de caviar ruso (no del sucedáneo), ostras frescas... Casi siempre les acompaña el chef del yate. El pedido más suculento llegó a los 100.000 euros.
A veces la misión se convierte en una gimkana: «hemos recorrido media Valencia en busca de servilletas de papel negras, o comprando flores para decorar un barco, en lo que se gastaron 15.000 euros», recuerda Gustavo. Otro de los servicios más solicitados es el de peluquería a bordo o esteticién. También tienen shoppers, especialistas en aconsejar de moda y comprar con visa ajena (la de quien les contrata). Los Mercedes 500 o furgonetas de súper lujo también van que vuelan, «aunque son un poco difíciles de encontrar».
De momento, en Superyacht han sido capaces de satisfacer todos los antojos de sus exquisitos clientes, aunque sean tan difíciles como encontrar periódicos rusos o chinos a diario.

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