Desde el año 2000, el Departamento de Respuesta Humanitaria de las Naciones Unidas (UNHRD) ha ocupado un rincón en una base militar cerca del puerto italiano meridional de Brindisi.
La ayuda que se repartía a la gente que huía de conflictos y guerras se almacenaba en un cobertizo de 80 años de hierro ondulado, donde se guardaban las tiendas, mantas eléctricas, purificadores de agua y las raciones de comida.
'Nuestra razón de ser es intervenir lo más pronto posible en una emergencia, porque llegar ahí unas pocas horas antes significa salvar más vidas', dijo Guiseppe Saba, el director de la base que dirige el Programa Mundial de Alimentos, la mayor agencia de ayuda del mundo que tiene un presupuesto anual de 3.000 millones de dólares (unos 2.200 millones de euros)
Pero la labor de Saba, que ha enviado más de 130 paquetes de ayuda a 30 países desde 2000, ya no es suficiente.
Este año el Programa Mundial de Alimentos va a crear cuatro almacenes similares en el mundo.
'Durante el tsunami (de 2004 en Asia), la única base humanitaria que tenía que hacer una respuesta inmediata ante la emergencia fue Brindisi, que era el único lugar que tenía equipamiento y existencias', dijo Saba.
'Durante esa operación el coste de los vuelos con ayuda desde Bridisi hasta el sureste asiático fueron tan elevados que pensamos en que el coste de los vuelos podría cubrir los costes de tener bases descentralizadas en la zona'.
La misma lógica se ha aplicado a otras áreas y, como la nueva sede en Malasia, la agencia va a abrir una base en Dubai para servir a la zona de Oriente Próximo y una en Panamá para América Latina.
Una nueva base africana en Ghana ya está abierta, y distribuye comida en Chad para los refugiados del conflicto de Darfur.
En Brindisi queda la base global para las operaciones de emergencia del Programa Mundial de Alimentos, guardando y enviando no solo ayuda del programa sino también para otras agencias de humanitarias como la Organización Mundial de la Salud.
WFP espera que haya más cooperación entre los grupos humanitarios, de la ONU y no de la ONU, que viajan a las zonas siniestradas, para evitar la duplicación de esfuerzos y la confusión que se produce en las situaciones difíciles.
/Por Robin Pomeroy/

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