Tras un año y medio de reflexiones, los teólogos del Vaticano han decidido cambiar oficialmente el destino de los niños que mueren sin ser bautizados.
A partir de ahora, y de acuerdo con la doctrina católica, las almas de estos menores irán al Cielo y no al limbo, este último una suerte de lugar "sin tormentos, pero alejado de Dios".
Hay bases teológicas y litúrgicas serias para creer que cuando mueren, los bebés no bautizados se salvan
Para su abolición, los teólogos han considerado que el limbo es "una visión demasiado restrictiva de la salvación".
"Nuestra conclusión es que hay bases teológicas y litúrgicas serias para creer que cuando mueren, los bebés no bautizados se salvan", han escrito.
La supresión del limbo fue calificado del "máximo interés " por el papa Juan Pablo II, por lo que en octubre de 2004 encomendó la creación de una Comisión Internacional que hasta abril pasado estaba dirigida por el actual pontífice Benedicto XVI.
Una vez resuelto adonde van esos niños, la Comisión se enfrenta a otros retos: "la identidad de la naturaleza y del método de la teología como ciencia de la fe" y "la profundización de los fundamentos de la ley moral natural en la línea de la enseñanza de la Carta Encíclica de Juan Pablo II"

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