Abrir un ‘blog’ y... volverse loco

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El autor de una bitácora necesita estar constantemente actualizándola. (R.F.).

-Esto es más difícil de lo que parece –escribe un usuario en un foro de internet- llevo casi dos días investigando como cambiar el aspecto de mi blog: los colores, el fondo, como meter fotos... en definitiva, como hacer más atractiva la página. Pero todas las páginas que hablan de estas cosas son en un inglés muy técnico, y además con el lenguaje típico de los informáticos. NECESITO AYUDA URGENTE, POR FAVOR.

Quizá estas son las primeras palabras que escribe un blog-adicto en la Red. Lo siguiente, es ir por todos los blogs y foros de internet, rogando que le lean.

A partir de ese momento, el blog-adicto alcanza su punto de “locura” más alto: no dejar de ojear una y otra vez el contador de visitas de su blog para saber cuanta gente le lee y, sobre todo, comenzar a escribir en serie, por cada rincón de internet, mensajes en tercera persona tipo: “HE DESCUBIERTO UN BLOG BUENÍSIMO, ES ESTE”. Para, acto seguido, escribir la dirección de su blog personal.

Es habitual, entre los blog-adictos, una mirada perdida mientras hablas cara a cara con ellos. Si hace tiempo que el blog- adicto era tu amigo, y consigues (asunto muy difícil) sacarle de casa para abrirle tu corazón y contarle tus problemas, el blog-adicto quedará callado, observándote en silencio, haciendo cómo que te está escuchando: pero realmente, lo que desea, es deshacerse de ti para poder conectarse cuanto antes a un ordenador personal que le lleve hasta la tierra prometida: internet, su blog.

Cuando terminas de hablar, hacen caso omiso a tus problemas y te anuncia, con una gran sonrisa de orgullo: -¿Sabes que hoy he recibido 50 visitas en mi blog y 7 comentarios?


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En el blog de javimoya.com se encuentra una lista bastante certera, pero en clave de humor, con el comportamiento habitual del blog-adicto:

1.- Enloqueces cuando no puedes acceder a tu blog: no puedes parar de pulsar el botón F5 para refrescar el navegador.

2.-Empiezas a pensar en futuros artículos en mitad de una cita, de una película, etc. Incluso en mitad del acto amoroso.

3.-Cuando caminas por la calle recuerdas, de repente, algún ocurrente comentario que alguien te escribió, hace ya bastantes días, y no puedes dejar de reírte.

4.-Cuando tus amigos reales te preguntan "¿que te cuentas?", te molestas con ellos porque tú ya has escrito eso en tu blog, y significa que ellos no te están leyendo.

5.-Si alguien te deja un comentario anónimo tratas de averiguar quién fue por su IP, comparándola con las de tus amigos o lectores habituales.

6.-Has escrito “posts” sólo para decir que te vas a dormir.

7.- Estás celoso de la gente que está incluido en más “blogrolls” y/o tiene más comentarios que tú.

El peligro de tener un blog personal

Peter, autor de la casi recién creada bitácora “somos nadie” , nos cuenta por qué ha empezado a escribir un blog personal: -Por soledad emocional. Creo que, básicamente, esa es la razón por la que se crean la mayoría de los blog personales, aunque los temas son diversos el fondo, en muchos casos, es la necesidad de ser escuchado, tapar carencias afectivas, intentar que alguien vea, en unos pocos párrafos, la infinidad de sentimientos vividos durante el día.

A menudo, la gente que suele comenzar un blog personal lo hace por la necesidad de expresarse libremente, como nunca antes lo ha hecho. Sin hipocresías. Con la ilusión de encontrar lectores afines a sus pensamientos más íntimos, que les ayuden a combatir a su soledad.

Pero el peligro está en que, a ese nuevo espacio, pueden llegar otra clase de lectores, los denominados trolls, lectores que, en ocasiones, llegan a convertirse en un verdadero problema en la vida real del bloguero. Los trolls más agresivos suelen ser personas cobardes que se aprovechan del anonimato que ofrece la red para acosar, insultar e incluso amenazar de muerte al autor de la bitácora.

Es el caso que sufrió, por ejemplo, la escritora Lucía Etxebarria, que hace unos meses cerró su blog debido a la avalancha de mensajes de odio que recibía de un “troll” que hasta llegó a descubrir donde vivía. O, no tan famoso pero igual de angustioso, el caso de T.B., un ama de casa (que no desea hacer pública su identidad) y que tuvo que cerrar su blog: -Tuve que suicidarme virtualmente –nos confiesa-.

Rompí cualquier lazo o forma de contacto con el entorno de las personas que me leían. Me encontraba prisionera de la red, de las locuras, manías persecutorias y de los delirios ajenos de los "adictos patológicos". Uno de mis lectores habituales se obsesionó conmigo por ilusiones que él mismo se fabricó. Para algunas personas la afición termina convirtiéndose en un vicio destructivo.

Nunca se sabe el grado de madurez y cordura o el alcance de las reacciones del interlocutor que nos lee por la red. La soledad, las dificultades para comunicarse con naturalidad, las carencias afectivas y otras circunstancias acaban sumergiendo al adicto a la red en un mundo paralelo, una especie de ficción amable que acaba esclavizando a quien se refugia en el medio ya que, de alguna manera, se siente protegido de la (casi) siempre rutinaria realidad. La tecnología evoluciona y los blogs-adictos también.

Quizá los blogs-adictos del futuro serán como Justin, un oriental de San Francisco que a través de su blog y una diminuta cámara de video digital que lleva siempre sobre una de sus orejas, graba su vida en riguroso directo.

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