Desde que ocupó el territorio costero en su frontera sur, ha transformado Al Aiún, que era un pequeño enclave de apenas 2.000 habitantes, en una ciudad de unos 180.000 habitantes, atrayendo a marroquíes con la oferta de empleos y beneficios fiscales, de modo que ya superan a los saharauis.
Cientos de chalés y bloques de apartamentos se adentran en el desierto, alimentados por la mayor desalinizadora de África. La construcción de una nueva central eléctrica reducirá la dependencia energética de Marruecos.
Un pequeño puesto cercano se ha convertido en el mayor puerto sardinero del continente. Se está construyendo una lonja de mayor tamaño que cualquiera de las que existen en territorio marroquí, junto a un puerto lleno de pesqueros marroquíes. Para 2008 hay previsto otro puerto en Bujador.
Los principios de la ONU determinan que la riqueza natural del Sahara no debería explotarse hasta que no se establezca su futuro, pero Marruecos dice que sea cual sea el resultado político, la región tiene que desarrollarse.
Algunas empresas españolas están siguiendo esta línea, como la envasadora Calvo, que ya tiene una planta. Además, las autoridades aseguran que inversores españoles tiene previsto construir un proyecto turístico con hoteles y chalés en Tarfaya en cuanto esté unido por ferry con las Islas Canarias.
El año pasado, la Unión Europea llegó a un acuerdo con Marruecos que permite a sus barcos pesqueros, principalmente españoles, aprovechar el rico caladero saharaui.
'Esto les permite explotar los recursos de un pueblo ocupado', protestó Ahmed Hadad, un activista saharaui.
'SON MÁS VAGOS'
Los inmigrantes comparten los colegios, los servicios e incluso la pobreza con la población local: algunos de los suburbios más pobres de Al Aiún están habitados por marroquíes desempleados a los que se animó a emigrar aquí de cara al previsto referéndum de autodeterminación que todavía no se ha celebrado.
Algunos marroquíes reconocen que los saharauis están discriminados en términos laborales pero afirman que es porque son más vagos.
Mientras, las furgonetas de la policía patrullan constantemente los barrios residenciales de la ciudad, y se puede ver a agentes en cada esquina. Tanto marroquíes como saharauis dicen que juegan al gato y el ratón con los jóvenes saharauis, que pintan banderas del Frente Polisario en unas paredes que se limpian rápidamente.
Aunque los activistas dicen que ha aumentado la represión ante una nueva ola de protestas, Marruecos niega maltratar a los arrestados.
Muchos saharauis dicen que unirse al proyecto marroquí sería traicionar a sus activistas que murieron en las cárceles secretas marroquíes.
'Sé que el problema del Sahara es muy difícil y complicado', manifestó Mohamed, un Saharaui de Al Aiún. 'Pero dime, ¿quién no ama la libertad? Aquí no la tenemos'.
Un antiguo integrante del Polisario que ahora pertenece al consejo asesor de Marruecos que ha preparado su plan para una autonomía limitada replicó: 'Lo que nos llevó a Marruecos es que ha cambiado. El Polisario sólo se aprovecha de nuestros problemas sociales'.
/Por Tom Pfeiffer/

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