Además, una profesora de este centro, Lucinda Roy, había recurrido a la Policía y a las autoridades académicas hace un año y medio, alertando del peligro que suponía por su conducta violenta. De hecho, un compañero describió como «macabros y retorcidos» varios textos teatrales que el asesino había escrito.
En declaraciones a la cadena de televisión CNN, Roy dijo que el estudiante nunca habló de armas o de matar, pero lo que escribía era suficiente como para alarmarse.
«Las amenazas no eran explícitas y ésa era la dificultad que tenía la Policía» para actuar, indicó. Tras el pánico de estos días, la Policía recibió ayer un aviso de bomba en el complejo universitario que resultó ser una falsa alarma.
Mensaje «perturbador»
Por otra parte, la Policía de Virginia reveló ayer que Cho Seung-Hui envió un paquete con fotos, vídeos y escritos a la cadena NBC en el intervalo entre el primer tiroteo y el segundo, lo que puede constituir un elemento clave para la investigación. NBC calificó el contenido del envío de «perturbador».
Un ingeniero uruguayo que fue herido en el tiroteo se salvó fingiendo que había muerto. Se arrojó al suelo y se escondió tras un compañero herido. Avisó a sus familiares y a la Policía y ahora se recupera de lo ocurrido.
Tras una pista falsa
Tras las dos primeras muertes, la Policía comenzó a buscar a Karl D. Thornhill, novio de una de las primeras víctimas, ya que un estudiante comentó a los agentes que tenía armas de fuego. Durante dos horas la Policía se mantuvo tras esta pista falsa, mientras Seung-Hui maquinaba su siguiente ataque.

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