Mateo Díez se siente como un "sonámbulo" ante las injusticias que se cometen en el mundo

Mateo Díez se siente como un "sonámbulo" ante las injusticias que se cometen en el mundo

Luis Mateo Díez
El escritor y académico de la lengua española Luis Mateo Díez. (EFE/Archivo)
  • El escritor leonés publica 'La soledad de los perdidos', una novela onírica, que vuelve para contar "una fábula extremadamente contemporánea".
  • "Hay un expolio, un despojo, unas injusticias extremas porque mucha gente se ha quedado sin nada y otros se lo han llevado todo", asegura el novelista.
  • Es una novela "muy patética pero con zonas humorísticas estrambóticas y estrafalarias (...) Se mueve entre la irrealidad y la fantasmagoría", comenta.

La dura realidad de la posguerra lleva a los personajes de la nueva novela de Luis Mateo Díez, La soledad de los perdidos, a deambular entre el sonambulismo y el delirio. Y sonámbulo se siente también el propio escritor ante las atrocidades e injusticias que se cometen en el mundo actual.

"La realidad nos está convirtiendo en seres sonámbulos. Enciendo la televisión y no puedo entender que miles de personas se tiren a la mar en unas balsas para morirse, ni que en España sea imposible entenderse y que el país se destroce y destruya", afirmaba Mateo Díez en una entrevista con Efe.

Publicada por Alfaguara, La soledad de los perdidos es la novela más onírica de este escritor, que vuelve a una de sus Ciudades de Sombra para contar "una fábula extremadamente contemporánea", a pesar de que la acción transcurra en la posguerra y quienes habitan en esa extraña ciudad sufran todavía las consecuencias de la Guerra Civil.

"Actualmente hemos perdido casi todo. Hay un expolio, un despojo, unas injusticias extremas porque mucha gente se ha quedado sin nada y otros se lo han llevado todo. La realidad se entiende con dificultades", asegura el autor.

La novela, la más larga de este creador de lugares imaginarios inolvidables como el de Celama, entronca con otros libros suyos como La fuente de la edad, por el lado grotesco de lo que cuenta; con Las fábulas del sentimiento por sus valoraciones simbólicas y metafóricas sobre la condición humana, y con Fantasmas del invierno por su ambientación en la posguerra.

La realidad se entiende con dificultades "Es una novela de llegada, un poco límite. Tiene algo de testamentaria y me obligará a abrir nuevos conductos para mi próximo libro", señala Mateo Díez (Villablino, León, 1942), que no duda en asegurar que La soledad de los perdidos es "muy ambiciosa".

Y es una novela "tragicómica, muy patética pero con zonas humorísticas estrambóticas y estrafalarias. Hay también situaciones surrealistas. Se mueve entre la irrealidad y la fantasmagoría", comenta este escritor y académico de la Lengua, gran representante de la tradición cervantina.

La posguerra de La soledad de los perdidos es "extraña, está detenida en el tiempo. Los seres humanos se aborrecen, se odian y se matan, algo que tiene, además, una actualidad estremecedora", opina el novelista.

Todo eso lo exterioriza Mateo Díez en una Ciudad de Sombra, Balma, marcada por la noche y la niebla. En ella vive escondido Ambrosio Leda, "cumpliendo el voluntario destino de su desaparición". Es un perdedor que decide iniciar en Balma un proceso de "autoaniquilación, de metamorfosis" porque se consideraba "un peligro para sí mismo y para los suyos", explica Mateo Díez.

El protagonista huye tras haber sido depurado en la posguerra. Y esa situación, añade el autor, es "fiel reflejo de lo que pasa hoy en el mundo", donde la gente huye de sus países por las guerras y persecuciones.

"No hay memorias que acompañen a los olvidados y, además, tengo la sensación de que el olvido es más piadoso que la memoria, el ser humano es más propenso a extinguirse y a alcanzar la gracia de la nada que a andar sufriendo miserablemente la persecución de los otros seres humanos", afirma el novelista leonés.

Mateo Díez, muy premiado

Ganador del Premio Nacional de Narrativa y del de la Crítica con La fuente de la edad y La ruina del cielo, y merecedor también del Premio Castilla y León de las Letras, del Miguel Delibes y del Francisco Umbral, el escritor ha salpicado de humor su novela, pero reconoce que el tono "es duro. La soledad es el atributo más duro, patético y triste de los perseguidos, de los fugitivos".

Vencidos y vencedores conviven en esa extraña Ciudad de Sombra en la que "todas las sorpresas son posibles", incluida la de un obispo que "ha perdido la fe, la esperanza y la caridad" y que afirma que "Dios es la desgracia de los hombres".

"Es mi novela más comprometida con la actualidad más estricta. En ella no hay desahucios ni políticos corruptos como los hay ahora, sino que es una manera más profunda de entrar en la desolación y la perdición, cuando ya no hay sitio donde acogerse", asegura.

El sonambulismo y el delirio de La soledad de los perdidos entroncan con la tradición cervantina y tiene también conexiones con la literatura rusa: "yo me tengo por un escritor ruso, de esos que escriben grandes novelas con grandes metáforas morales, con una atmósfera de inviernos, estepas y desolación fabulosa".

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