En Nueva York, una ciudad donde todo es posible, Betty y Bob Matas no tuvieron problemas en encontrar un chofer que aceptara realizar el viaje 38 horas. Y es que la pareja temía que sus gatos murieran de frío en la bodega de carga del avión.
El taxista Douglas Guldeniz aceptó llevarlos hasta la localidad de Sedona y cobró por el viaje unos 3.000 dólares más los gastos.
Según las tarifas de Nueva York, su propina podría oscilar entre 450 y 600 dólares.
Guldeniz parecía contento de recoger a los Matas para realizar lo que probablemente es ya uno de los viajes en taxi más largos y también más caros de la historia.




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