Cuando el empresario alemán Erich Stanke decidió comprar un pedazo del muro de Berlín en 1990 no podía imaginarse que, al dejarlo en plena calle, iban a llegar a robárselo algún día, según informa la BBC.
Y es que los restos de esta construcción medían 18 metros de largo, y constituían uno de los últimos restos que se conservan en la capital alemana del llamado 'muro de la vergüenza'.
Esto había motivado la decisión de Stanke de dejarlo donde estaba, precisamente para que sirviera de recordatorio de una de las etapas más oscuras de su ciudad.
Cual no sería su sorpresa cuando el viernes pasado descubrió que su muro, donde al menos 125 personas murieron acribilladas en sus intentos de cruzar al otro lado, había desaparecido sin dejar rastro.
Stanke está indignado ya que a pesar de sus esfuerzos no ha podido evitar la desaparición de este pedazo de Historia viva. El ciudadano alemán había incluso acudido al Parlamento alemán para pedir su conservación.
El trozo del muro estaba situado en la plaza de Postdamer, donde se está construyendo un nuevo edificio para el Ministerio de Medio Ambiente alemán. Un portavoz de las obras había asegurado que los restos de la discordia iban a ser incorporados en el nuevo edificio.


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