Orgullo y Satisfacción: una nueva revista de humor autogestionado

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Orgullo y Satisfacción: una nueva revista de humor autogestionado

Luis Bustos, Manel Fontdevila y Albert Monteys
Orgullo y Satisfacción: “Si fuera por el poder, ahora mismo solo se harían chistes de náufragos” (HUGO FERNÁNDEZ ALCARAZ)

Cada vez que una portada satírica es secuestrada o destruida muere un parlanchín en las calles; la Justicia pierde el dedo anular; al león del Congreso le menguan las bolitas de piedra, y nace un niño serio y viejo... Cada vez que la destruyen suelen estar incordiando los chistes de El Jueves, y sus inconscientes dibujantes.

Algo había cambiado en la dialéctica poder-dibujanteTachados de irreverentes y zafios, infantes (que no infantas) terribles del trazo, como la vanguardia herida de ese principio abstracto y constitucional que llaman ‘libertad de expresión’. Artículo 20: ¡Tocado!

La última estocada que sufrió la revista ha sido distinta a la de 2007, cuando hubo el juicio por injurias al Heredero (y que perdieron en la Audiencia Nacional con multa de  miles de euros). De algún modo, regresaron los viejos fantasmas con sus tijeras podadoras, pero algo había cambiado en la dialéctica poder-dibujante. El eje ‘deslenguados versus discurso hegemónico’ tenía otro enfoque. 

Antecedentes. A principios de junio una portada sobre la monarquía desaparece misteriosamente en la imprenta, organizando un gran revuelo. Error en la impresión, se dice en un primer momento. Pero no se produce el esperado silencio...

Hablamos con tres de estos dibujantes que decidieron abandonar en cascada El Jueves, como protesta y discurso vital, para montar una revista online, produciendo la réplica de un terremoto jocoso, bajo el palaciego título de Orgullo y Satisfacción.

Son Albert Monteys, Manel Fontdevila y Luis Bustos. Quedamos en un café del Born barcelonés. Tipos de aspecto peligroso, tirando a poco atléticos; contertulios pausados, algo tímidos; caníbales de periódicos y TBO, dibujantes de naves espaciales... auténtico pavor.

¿Fue una decisión empresarial o hubo una llamada de arriba?

MANEL FONTDEVILA: Si la hubo, no se sabe; ni creo que salga la noticia.

ALBERT MONTEYS: Nunca lo sabremos. RBA es una empresa de la que el 85% es de un señor que no tiene que dar explicaciones a nadie. En un primer momento, cuando se nos comunica que no podemos tocar al rey en portada, la redacción intenta hacer un pequeño plante y rápidamente se nos deja muy claro que no estamos negociando: obedecer o puerta.

El grupo de dibujantes díscolos escogió puerta. Y respondieron creando un TBO online monográfico sobre la monarquía, que se publicaría el mismo día de la coronación de Felipe VI. Fueron 82 páginas. “Damos la bienvenida al nuevo rey”, dijeron con su habitual chanza. Miles de ciudadanos reaccionaron enseguida descargándose este ejemplar homenaje, y ellos, al constatarlo, se sintieron muy orgullosos y satisfechos. “Fue un éxito sorprendente”, asegura Monteys. 500 copias por minuto. Una muestra de empoderamiento ciudadano. “Un grito sordo” -como lo cataloga Luis Bustos- que ya ha superado los 35.000 ejemplares vendidos.

¿Da la sensación de que no se ha aprendido la lección de 2007, que al intentar secuestrar una viñeta esta se convierte en viral?

A. M.: Yo creo que lo que nos ha pasado es fruto de 2007. Ese año hay una denuncia externa y pública, se secuestra la revista, y eso hace que todo el mundo vea la portada. En el siguiente paso, en otro momento delicado de la Corona, deciden que sea el editor mismo el que se quede con esa portada. Si hubiera funcionado, si no hubiera estado la portada en Internet antes, y si nosotros, que somos unos inconscientes, hubiéramos agachado la cabeza, nadie se hubiera enterado de esto, o al menos siempre habría quedado la duda.

Estamos en el junio áulico de 2014

Dorado, con salvas y banderitas rojigualdas. Éxtasis monárquico forzado en titulares. El rey abdica y se prepara la coronación del nuevo. Hay una profunda crisis institucional. Avanzan nuevas formaciones políticas como Podemos. Y El Jueves, en el papel que ha representado desde hace 37 años, tiene preparada una portada especial que llega rauda a la imprenta para publicarse el miércoles.

En el dibujo de Manel Fontdevila, el rey pasa una corona pestilente al herederoEn el dibujo de Manel Fontdevila (que ya fue juzgado por la portada de 2007 en la que aparecían los príncipes practicando sexo), el rey pasa una corona pestilente al heredero “más preparado de la historia”. Se han impreso 60.000 ejemplares. Suponen que una llamada recorre los satélites como una explosión de magma solar. Felipe no aparecerá en portada. La revista no sale el miércoles.

¿Otra vuelta de tuerca a la censura?

M. F.: No. Es lo de siempre. Es el camino lógico que se vive en cualquier medio; hay una dirección empresarial que es la que decide los temas. Nosotros somos gente que damos opinión, y cuando te encuentras con esto tienes que reaccionar de una forma coherente, ¿no? No tengo claro que sea exactamente censura. Es un acuerdo con el editor, y tú lo aceptas o no. Si el editor ha decidido dinamitar nuestra credibilidad, yo la mía no quiero gastármela de esta manera.

A. M.: El único activo que tenemos nosotros es la credibilidad.

Aquel jueves, un grupo dibujantes y escritores encabezados por Albert Monteys -que es de los primeros en conocer la noticia- anuncian en Twitter su éxodo. Hablan en modo anacrónico o tal vez futurista, balbucean como caballeros andantes o robots ebrios. Citan principios y ética en los tiempos de austeridad y competencia. Abandonan en cascada la revista que ha sido su hogar y que representaba el 95% de sus ingresos. Acabaron marchándose 18.

¿Cómo fue el día D?

A. M.: Fue una cadena de decisiones unipersonales, nos fuimos contando las cosas, y ahí cada uno fue decidiendo por su cuenta,

LUIS BUSTOS: A parte del elemento ético, estaba el elemento emocional, nos conocemos todos desde hace mogollón de años, y de repente, hostia, si estos que son compañeros, amigos, lo van a dejar...

¿Una decisión difícil? 

M. F.: Y jodida. Es gente a la quieres y con la que has trabajado, y a la que de repente les tienes que decir que crees que lo están haciendo mal, y que te vas. Yo dibujo TBO de hace tiempo diciendo que estamos hasta los huevos, y el día que tienes un problema ¿entonces dices que no? Que se debe ir a la huelga excepto cuando te toca a ti y que lo mejor es luchar desde dentro... Cuando nos dicen que no vamos a tocar al rey en la portada es una decisión contra natura del dueño, y por ello creo que la revista no tiene futuro. Este es el tema.

Desnudos cual adanes por morder la corona equivocada. Con mucha credibilidad y sin un duro en los bolsillosExpulsados del Edén de la sátira pura, desnudos cual adanes por morder la corona equivocada. Todo consensuado con sus familias. Con mucha credibilidad y sin un duro en los bolsillos. “Vamos a pasar un verano difícil”, les dijo Fontdevila.

Y nunca se publicó la portada y los dibujantes acabaron vendiendo quincalla en el extrarradio de Soria... Ah, no. Es cierto. Falta un pequeño detalle. Hacía siglos que se había inventado la imprenta, y hay un chisme que quizás en determinados consejos de dirección no “acaban de entender demasiado bien”, según Monteys. Lo llamamos Internet.

¿Por qué cuando parecía que se empezaba a abrir el tema monárquico en los medios vuelve el toque de corneta?

M. F.: Nunca ha habido un debate serio, en las Cortes u otro sitio, donde alguien haya preguntado: “¿Esto lo queremos o no lo queremos?”

A. M.: Yo creo que es muy significativo que en los únicos puntos en los que se han puesto de acuerdo PP y PSOE haya sido en cambiar la Constitución para la deuda pública y mantener al rey; con lo cual entiendo que, para según qué sector, debe ser muy importante. Hay una idea de que si cae... A lo mejor es algo que no sabemos, una cosa mágica, como Harry Potter o Excalibur.

M. F.: El rey debe tener información, y debe tener de todo, putas y toreros bajo la cama, o algo así. Ser rey tiene que estar bien.

L. B.: ¡El rey o el caos!

Y así se llegamos a este punto con una idea poderosa en la cabeza. Deciden que tal vez esto pueda tener un futuro distinto al de la papiroflexia o la búsqueda de evidencias razonables del monstruo del Lago Ness en Internet. El nacimiento de un mundo en el que los lectores, y solo los lectores, sean los que manden; en el que dibujante, y solo el dibujante, sea el que hable según su conciencia. Un mundo en el que una llamada de cualquier Casa Real (especialmente si es la de Liechtenstein) despierte la risa.

Tras el éxito, Orgullo y Satisfacción acaba de anunciar que se va convertir en una revista online mensual a partir del 1 de septiembre. Continuarán “metiéndola doblada” en diversidad de temáticas, siempre que los lectores secunden este arriesgado proyecto de un grupo de irreductibles ibéricos que tuvieron el valor y la honestidad de enfrentarse al César.

¿Abrumados por el éxito de la primera revista?

A. M.: Ha sido muy emocionante y además se ha abierto una vía de futuro que todo el mundo decía que estaba cerrada: autogestionártelo tú; y nos ha dado una cierta fe en ese futuro.

M. F.: Para mí, lo importante es que la gente se ha volcado en esto, y tú ves al menos una posibilidad de continuar, e incluso te sientes un poco más obligado, porque yo creo que el señor que está pagando más dinero de lo que vale la revista es porque quiere que sigas.

¿Cuales son las vacas sagradas que siguen acotando al humorista?

A. M.: Yo creo que son la publicidad y el marketing; es donde tenemos el mayor problema, y es una cosa en el fondo muy perversa.

M. F.: Lo de las marcas es un problema. Yo puedo vivir sin hacer chistes de Pan Bimbo o de Ikea, pero si un banco está desahuciando gente y haciendo cosas, pues igual sí que tienes que hablar de ese banco, y entonces todo es mucho más problemático.

¿Estamos en un momento de regresión democrática?

L. B.: Es evidente, pero se trata también de un momento de oportunidades, para que la gente alce la voz y se organice, como está pasando desde el 15-M.

Se está privatizando todo, lo público está cada vez más denostado

A. M.: Es verdad que se están ‘desdemocratizando’ un montón de cosas, se está privatizando todo, lo público está cada vez más denostado. Pero la calidad democrática del país siempre ha sido la misma, solo que en 2000, como la gente estaba bien, nadie mostraba interés. Una de la suertes que tenemos es que en la oligarquía esta son todos muy mayores y no conocen bien Internet. En cambio hay una generación joven que sí que sabe comunicarse, incluso fenómenos como Podemos tiene que ver con las redes sociales.

L. B.: Para organizar Orgullo y Satisfacción sin estos medios, estaríamos todavía llamándonos por teléfono, diciendo qué coño ha pasado.

M. F.: De todos modos, la calidad democrática no sé cómo se mide. Yo creo más en la libertad que en la democracia. En la democracia la gente puede acabar votando cosas de mucho cuidado.

¿Por qué da tanto miedo el humor al poder?

M. F.: Esto es una cosa que no entiendo tampoco. Con el humor no estamos para convencer a nadie de nada, solo cuestionamos cosas y ya está. Y este miedo a que haya diálogo, a que haya disidencia, a que no se siga el cauce normal, me parece una barbaridad.

A. M.: En el fondo, a nadie le gusta salir en un chiste. Claramente, Rajoy, Aznar o Zapatero, cuando abrían El Jueves no les hacía ninguna gracia; pero el ridículo de denunciarnos era tan superior al ridículo de salir en la viñeta que no lo hacían. Estoy convencido de que, si fuera por el poder, ahora mismo solo se harían chistes de náufragos.

L. B.: Es que el humor, precisamente como género y medio, es el mejor para denunciar o explicar ciertas cosas; te la meten doblada con la risa. Es inmediato.

La sátira tiene el valor de la inconsciencia. Rompe las barreras que otros opinadores jamás se atreverán cruzar. Es un cáliz sanador que desde tiempos antiguos lo bebe el vulgo y que amenaza a gigantes con pies de barro. “El humor trabaja con la falta de respeto, es desmitificar las cosas, desacralizarlas, una cosa muy higiénica”, asegura Fontdevila. Es el papel que limpia la cloaca de nuestras almas.

¿Qué es lo que os más indigna?

A. M.: Ahora mismo es el cambio en la izquierda-derecha, el tema ricos-pobres, que en este país ha acabado convirtiéndose en un tema de élite, la casta que dicen. Estamos en un país en el que hay una élite, que es un grupo X que decide todo contra el resto de la gente. Allí está el origen de un montón de problemas. La Corona y el rey, que es un tema muy pintoresco, y muy absurdo, y una institución a eliminar, me parece que de los problemas que tenemos es seguramente el número 35.

Hay una desvergonzonería acojonante y una impunidad de cierta genteL. B.: Luego está el tema de la impunidad, hay una desvergonzonería acojonante y una impunidad de cierta gente que se lo puede permitir... Yo cada día que me levanto pienso, joder, ¡cada vez son más impunes!

M. F.: Como la frase de que la Justicia no es igual para todos, son cosas sangrantes, pero son cosas donde trabajar, que te dan ganas de dibujar... En Latinoamérica, antes viajabas por ahí y te decían es que aquí no hay clase media, solo tenemos gente muy rica y pocos y gente muy pobre, y me digo, pues vamos para allá de cabeza.

Sorprende que una portada pueda ser catalogada como denigrante y en cambio los índices de pobreza no.

M. F.: La primera (del juicio de 2007) dijeron que era zafia y vulgar. Pero así es este país: quemar una cosa en la puerta de un banco durante una manifestación son tres años de cárcel, y llevar el banco a la bancarrota mientras te quedas con una pensión de la hostia forma parte del juego económico. Yo qué sé.

A. M.: Estamos en un sistema que es obvio que pertenece a los banqueros que desahucian a la gente y que, en cambio, castiga a los que protestan e intentan detenerlo.

M. F.: Es un poco agotador hablar del sistema. A nivel de usuario ves que no funciona, no hace falta tener estudios, se ve claramente. Yo lo que quiero es que la gente que hace cosas mal pague por ellas, y que la que intenta defenderse no pague por ellas.

¿Habéis sufrido otros casos de censura?

A. M.: La primera que viví fue con un sargento, cuando hicimos una portada en el momento que bajaron el coeficiente intelectual para entrar en el Ejército. Salía un militar como border-line, con la ceja junta, y entonces ese señor nos intentó denunciar y quedó allí la cosa. La duquesa de Alba también intentó censurar una portada, poco después de lo de los príncipes. La dibujamos como en American Beauty pero con billetes de 500. Ha habido pocas y no ha prosperado casi ninguna.

Hasta que os sentaron en el banquillo de la Audiencia Nacional. ¿Cómo fue?

M. F.: Un soberano coñazo, y muy desagradable; porque tú tienes esa idea de que la Justicia no funciona igual para todos, y de repente hay un juez y un abogado que se toman la molestia de escenificarlo para ti solo. Fuimos allí a pasar el trámite y ya está. Me reafirmo en lo que dije en una conferencia días antes del último episodio: está muy bien, pero que el próximo lo pase otro.

L. B.: Pues has tenido la mala suerte de que te volviera a ocurrir.

Y puede volver a pasar en este ciclo constante de expansión y regresión, de nacimientos y defunciones democráticas, de olas y resacas, de inconscientes y chistes, y de buen y mal humor. Pero no sufran.

El arma: la sátira

Es sintomático de estos años conflictivos. Ya hay tres revistas satíricas en el mercado (junto con Mongolia y El Jueves). Crecen como en los años 70. El nuevo mensual Orgullo y Satisfacción será coordinado por Guillermo, Albert Monteys, Manel Fontdevila, Bernardo Vergara y Manuel Bartual, editor, además, de ¡Caramba!.

“La idea es tener un tema central en el que abordar diferentes ángulos y una sección dedicada a las noticias más recientes”, explica Bartual. Serán 24 autores, 20 de ellos procedentes de El Jueves. Mantendrán el precio a 1,50 euros, con la opción de pagar más por el ejemplar, y ampliarán hasta 100 páginas: “Cada autor tendrá una colaboración concreta, con margen para modificar lo propuesto si encuentran una mejor manera de abordarlo”.

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