"Estábamos en el bar y Javier, al que hasta entonces no conocía, entró insultando a todo el mundo. Yo le miré y vino a por mí. Como vi que se encendía, le pedí perdón, pero estaba buscando bronca y me llevó a empujones hasta la calle. Allí me dio un cabezazo y caí al suelo y me empezó a coger el cuello. Como veía que me ahogaba y que estaba en peligro, le di un mordisco instintivamente"
Así fue como Alfonso G. le arrancó la oreja de un mordisco a Javier A. el 26 de octubre de 2002 en un bar de Carabanchel.
Durante el juicio que se sigue en la Audiencia Provincial, el supuesto agresor sostuvo que actuó en "legítima defensa" y en su favor afirma que después de la pelea se presentó en la comisaría de Policía con el trozo de oreja en la mano.
Quería saber si le podían reimplantar el lóbulo a Javier.
La fiscalía pide dos años de prisión para Alfonso G. por un delito de lesiones y una indemnización por los daños, ya que, en lugar de la oreja, a Javier le quedó una deformidad "visible y permanente".




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