Los neoyorquinos que hayan visitado esta semana Bloomingdale’s, uno de los grandes almacenes en las calles de Manhattan, han podido experimentar lo que sentía la madrastra del cuento de Blancanieves al conversar con un espejo.
Esta vez no se trataba de preguntar cuál era la dama más bella del reino, sino de saber si las prendas que los clientes se probaban respondían a las directrices de la moda actual y, sobre todo, si su corte y color les sentaban bien. La prueba ha durado tres días.
El espejo en cuestión, que ha sido diseñado por la compañía informática norteamericana Icon Nicholson y que lleva el nombre de Social Retailing, no es mágico, sino que consigue la interacción con el cliente gracias a un sistema de vídeo e Internet.
Este invento, para el que ya se ha mostrado interesada la firma Prada, puede modificar los hábitos de los consumidores a la hora de adquirir los últimos diseños en moda.
¿Cómo consiguen que hable?
Con una cámara instalada en el trasfondo del espejo, que registra imágenes del cliente probándose la ropa. Las transmite a una página electrónica, donde se pueden visualizar con una autorización previa. El enlace interactivo se produce a través de mensajes de texto entre el cliente y personas de su confianza que pueden darle su opinión acerca de las prendas.




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