El nuevo servicio, mucho más amplio y con más camas que el antiguo (abrió en septiembre del año pasado), está al límite de forma habitual y atiende entre un 15% y un 40% más de pacientes de los que se veían en las viejas instalaciones (un 20% de media).
De las poco más de 30 camas que se tenían antes se ha pasado a las 63 actuales y, de forma paralela, también ha aumentado la demanda. La ocupación, que con las antiguas instalaciones llegaba a superar los 50 enfermos en muchas ocasiones, alcanza ahora los 80 enfermos en los días más críticos.
El principal problema se encuentra en la gestión interna del hospital, según explican los propios médicos. El incremento en el ritmo de las operaciones para combatir las listas de espera (a finales del año pasado aumentó hasta un 70%) está llenando las camas del hospital y el ritmo de las altas no da abasto para dejar huecos suficientes a los pacientes que están en las tres salas de observación de urgencias.
Por la tarde, de los 16 quirófanos de la General, están ocupados de forma habitual hasta una decena, con una media de entre 15 y 40 operaciones vespertinas a diario (según la dificultad de las intervenciones). «Es la pescadilla que se muerde la cola. Los quirófanos están a tope, faltan camas y las urgencias se saturan», explican responsables sanitarios.
Los propios médicos atribuyen también la saturación al «efecto llamada» que han producido las nuevas y más modernas instalaciones y piden a los pacientes que recurran a las urgencias sólo cuando sea necesario.
«Los pacientes utilizan cada vez menos los puntos de atención continuada y las urgencias de los centros de salud y eso, al final, acaba repercutiendo en el hospital», explican. Los médicos calculan que en torno al 70% de los que llegan al servicio de urgencias no tienen dolencias de emergencia y podrían ser tratados por su médico de familia.
Cinco días con una cadera rota
La saturación en el hospital tiene una repercusión directa en el paciente. Entre los más afectados están los que sufren fracturas de cadera. Las normas internacionales recomiendan que esta afección se opere entre las 24 y las 48 horas siguientes a la rotura. En muchas ocasiones, este tiempo se demora hasta cinco días debido a la falta de camas en planta.


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