Durante días, y para sorpresa del mundo, el primer satélite artificial emitió por radio un constante "bip, bip" (fichero "wav") a medida que daba vueltas a la Tierra.
Lanzado desde el cosmódromo de Baikonur en Kazastán, tenía por objeto demostrar la superioridad tecnológica del comunismo en plena Guerra Fría.
El Sputnik, de forma esférica, con 58 centímetros de diámetro y 83 kilos de peso, consiguió su objetivo de poner nerviosos a los estadounidenses, que meses después se dieron su primer batacazo con su primer satélite, el Vanguard, que explotó en la rampa de lanzamiento y al que algunos denominaron jocosamente "Kaputnik".
Para entonces los rusos ya habían lanzado el Sputnik 2, en el que viajaba la famosa perrita Laika.
Estados Unidos lograría bautizarse en el especio poco después, el 31 de enero de 1958, ya con el programa Júpiter.
Rusia volvería a adelantarse años más tarde, el 12 de abril de 1961, con el primer vuelo orbital tripulado de Yuri Gagarin.
La carrera se inclinaría sin embargo con el paso de los años del lado de los estadounidenses, quienes bajo la presidencia de Kennedy consiguieron poner el primer pie en la Luna.
Un elemento de motivación
El Sputnik, como reconocen los expertos, sirvió de motivación a los estadounidenses para cambiar su sistema educativo (las escuelas de ingeniería se llenaron de alumnos deseosos de aportar su granito de arena a la carrera espacial), para reelaborar la doctrina militar y para que surgieran un pujante sector económico relacionado con el espacio.
Hoy en día la carrera espacial ya no sólo se reduce a dos, con la entrada de potencias como China -que hace muy poco probó un misil antisatélite con el que volvió a devolver al mundo por unos días al clima tenso de la época del Sputnik-, India, Europa (mediante la Agencia Espacial Europea) e incluso de inversores privados que quieren demostrar que el espacio puede estar al alcance de todos.
Paradójicamente, los dos encarnizados enemigos de los comienzos, Estados Unidos y Europa, terminaron uniendo fuerzas en la construcción de la Estación Espacial Internacional.
Entre los nuevos planes con los que sueñan los miembros de la IAF están el regreso a la Luna, la construcción de una base permanente en el satélite de la Tierra y la posibilidad de que el hombre pueda poner el pie también en Marte.




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