Cuando visitó, hace unos días, su casa natal, el número 33 de la calle Plus Ultra, no le dejaron ni franquear la puerta. Seguía morando allí la misma mujer que compró la vivienda hace medio siglo, pero ya no le reconocía.
No es de extrañar, Rafael Roselló debe ser uno de los oriundos de Alicante que más lejos se ha ido a vivir. En 1954 se marchó a Francia y tres años después se afincó en Canadá, donde tiene a sus hijos y nietos. «Vivo un poco por todas partes», se autodefine.
A los 14 años se hizo editor de postales y en su colección de fotos hay instantáneas de la Costa Blanca dignas hoy de exposición.
Pero el objetivo de su cámara ha recorrido medio mundo. Su última excursión fue al Polo Norte, una zona de tres lagos llamada Polynie, donde sólo se llega tras 12 horas de vuelo en aviones de hélices.
De allí se trajo la imagen del fósil de un invertebrado que podría ser antepasado milenario de las tortugas marinas, según la opinión de varios paleontólogos que viajaron con él. Rafael se bañó con el agua a tres grados.
Ahora está en pleitos con una editorial marsellesa que le cobró 3.000 euros y se deshizo sin dejar rastro. Por no tener ejemplares, su última novela, Le Château bleu, chroniques d’une désillusion, perdió el tercer premio de la ciudad francesa de Chambéry.
Polifacético, ha publicado artículos sobre biología terrestre y marina, libros de fotografía, atesora 60 manuscritos, ha trabajado como fotógrafo de cine, espeleólogo o actor.

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