El viaje de Bush es visto por muchos como un contrapeso al discurso populista del presidente venezolano Hugo Chávez, a quien ha criticado por sus planes de nacionalización.
'Creo firmemente que la industria estatal es ineficiente y llevará a más pobreza', declaró Bush. 'Creo que si los estados intentan dirigir la economía, eso fortalecerá la pobreza y reducirá las oportunidades', agregó.
Bush también dejó en claro ante los periodistas que representaban a los países que visitará que sigue pendiente de Cuba.
Castro, de 80 años, se vio obligado el pasado mes de julio a traspasar temporalmente el poder a su hermano, el ministro de Defensa Raúl Castro, después de una cirugía estomacal. El líder cubano se mantuvo fuera de escena hasta una aparición sorpresa en un programa de radio en directo la semana pasada.
El destino de Castro será decidido 'por el Todopoderoso', sostuvo Bush.
'No sé cuanto tiempo va a vivir, pero sin embargo creo que el sistema de gobierno que ha impuesto sobre el pueblo no debería existir si eso es lo que decide el pueblo', declaró Bush el martes.
Bush adoptó una postura vaga frente a la posibilidad de que Raúl Castro asuma el cargo de manera permanente.
'Lo que espero que suceda es que juntos insistamos en que transición no significa la transición de una figura a otra, sino que transición significa pasar de un tipo de gobierno a un tipo de gobierno diferente, basado en la voluntad del pueblo', sostuvo.
Bush parte el jueves rumbo a Brasil, la primera parada en su gira de seis días, que incluye visitas a Uruguay, Colombia, Guatemala y México.
El mandatario muestra un mensaje más suave, que busca mejorar su reputación y fortalecer la influencia de Washington en una región donde se están alzando voces contra Estados Unidos, como la del presidente Chávez.
Bush evitó cuidadosamente mencionar el nombre del líder venezolano, especialmente cuando se le preguntó sobre los planes de Chávez para realizar una manifestación de protesta en Argentina mientras él se encuentre en Uruguay.
ALIADO URIBE
Si bien Bush busca entablar amistad con los líderes izquierdistas más moderados de América Latina, también es un firme aliado del presidente colombiano, Alvaro Uribe, en la guerra contra el narcotráfico.
Un escándalo que vincula a colaboradores de Uribe con grupos paramilitares ha hecho que los demócratas cuestionen los acuerdos de ayuda y comercio entre ambos países.
Washington ha entregado 4.000 millones de dólares al 'Plan Colombia' desde el 2000 para ayudar a combatir a la insurgencia que se financia mediante la venta de cocaína.
Sin embargo, los demócratas están vigilando el escándalo que vincula a políticos con las fuerzas paramilitares mientras revisan la solicitud de la Casa Blanca de 3.900 millones de dólares adicionales en ayuda.
'Espero decir al presidente Uribe que puede contar con que Estados Unidos defenderá lo que enviamos al Congreso', señaló.
/Por Steve Holland/. *.

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