Asfixiantes nubes de humo negro se levantaron sobre la ciudad tras el ataque, el más mortífero en Bagdad en una semana.
Mientras, las fuerzas estadounidenses e iraquíes se encontraron con poca resistencia durante un despliegue en el refugio de la milicia chií en Ciudad Sadr, en donde arrestaron a una figura líder del Ejército Mehdi y a tres de sus colaboradores.
Pero el ataque con bomba fue otro desafío al primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, quien se ha mostrado satisfecho con los resultados iniciales del operativo de seguridad, que ya lleva tres semanas.
Un testigo de Reuters dijo que se escucharon las sirenas de las ambulancias tras el ataque y que la calle era un caos, con charcos de sangre en el suelo y las fachadas de los comercios destruidos por la calle Mutanabi.
'Había tanto humo que yo estaba vomitando', contó el testigo, quien estaba en una librería de esa calle cuando las ventanas volaron por la explosión.
Mientras los bomberos extinguían las llamas que llegaban hasta el tercer piso en algunos edificios, papeles y páginas de libros revoloteaban en el suelo, algunos ennegrecidos, otros ensangrentados. Cuerpos carbonizados yacían casi irreconocibles, medio enterrados entre los escombros frente a los comercios.
La bomba explotó a alrededor de 50 metros del café Shah Bander, faro de la alguna vez floreciente vida literaria de Bagdad.
'Hay muchas tiendas incendiándose y más de 15 coches fueron quemados,' dijo el testigo de Reuters, agregando que ayudó a llevar a muchas víctimas a un camión.
Una fuente de la policía dijo que la explosión dejó 65 heridos. Tres testigos afirmaron que se trató de un ataque suicida con coche bomba.
Abu Ali, guardia de un edificio donde el primer piso quedó quemado y varias personas habían muerto, dijo que estaba dentro cuando el coche explotó. 'No sé donde están mis hijos, escuché que estaban heridos, pero no los vi,' aseguró, visiblemente angustiado.
Más tarde descubrió que uno de sus hijos había muerto.
MEDIDAS EN CIUDAD SADR
Más de 1.000 soldados estadounidenses e iraquíes ingresaron el domingo al bastión de la milicia Ejército Mehdi, Ciudad Sadr, registrando las viviendas en busca de armas ilegales y abriendo un nuevo frente en el plan de Bagdad.
El Ejército Mehdi está comandando por el clérigo chií antiestadounidense Moqtada al-Sadr y los operativos en Ciudad Sadr pueden poner a prueba la determinación iraquí y estadounidense para reforzar una campaña considerada un último intento para evitar que Irak caiga en una guerra civil total.
Washington ha descrito al Ejército Mehdi como la mayor amenaza a la seguridad en Irak, pero sus líderes parecen estar pasando desapercibidos, a diferencia del 2004, cuando la milicia se levantó dos veces contra las fuerzas estadounidenses.
/Por Claudia Parsons y Aseel Kami/.*.


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