Una italiana de 74 años, ama de casa de Nápoles, no se dio cuenta de que en la bolsa donde tenía las patatas que acababa de comprar en el mercado también había una granada de la Segunda Guerra Mundial.
La anciana había ido a comprar, como era su costumbre, al mercado napolitano de San Giorgio a Cremano y, junto a las patatas, adquirió una granada.
Llegó a su casa y metió las patatas en agua, ignorando que estaba introduciendo también una granada de las que los soldados norteamericanos solían usar en la Segunda Guerra Mundial.
Cuando fue a pelarlas, vio que no podía con una de las patatas (la granada en cuestión) y fue entonces cuando reparó en que no se trataba de un tubérculo y sí de una bomba de mano; sólo entonces llamó a la policía.
La policía le recomendó que no la volviera a tocar algo fundamental si se tiene en cuenta de que la granada, un dispositivo del tamaño de un limón, carecía de fusible pero era perfectamente eficiente.

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